Sin capacidad de asombro

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Ramón Zurita Sahagún


Noviembre 07, 2019

Hace varios lustros que en México se perdió la capacidad de asombro en lo tocante a violencia, inseguridad y comisión de ilícitos.

La delincuencia se enseñoreó de muchas formas, mostrando su poderío e influencia, ante la pasividad de la autoridad, la que simplemente se hizo omisa y reaccionaba solamente “a toro pasado”.

Masacres de todo tipo se presentaban en los distintos estados del país. Lo mismo en Tamaulipas, con los muertos de San Fernando, que en Michoacán, con enfrentamientos entre autodefensas, seguían en Guerrero con la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, en Boca del Río se apilaban los cadáveres en una camioneta de redilas y abundaban las fosas clandestinas con cientos y miles de muertos. Todo esto se trasladaba de un sexenio a otro, sin que, aparentemente, sacudieran las conciencias de las autoridades de ninguno de los tres niveles de gobierno.

Se veían como simple parte de lo cotidiano, con lo que la población se acostumbró a lidiar, sin que alterara su vida diaria.

Había de todo: descabezados, colgados, cosidos a bala, encobijados, desechos en ácidos, mujeres apuñaladas y estranguladas, después de ser violadas. La gama de procedimientos es amplia y el gobierno mexicano, sin formas ni modos de investigación que los llevarán a detener a los responsables de estas masacres, los que caían abatidos por sus propios adversarios, o por mera casualidad eran detenidos.

En los primeros tiempos había una máxima de los delincuentes: no asesinar a mujeres ni niños, hasta que el código fue roto por los asesinos de la mujer del Güero Palma y de sus hijos.

Desde ese momento se desató la venganza y sin piedad. Cayeron por igual hombres, mujeres, niños, ancianos, impedidos físicamente y todo aquel que se interpusiera en el camino de los delincuentes.

Así pasaron los años, sin que el gobierno federal decidiera atacar el problema de raíz, mientras los gobernadores y alcaldes se resbalan la responsabilidad y prefieren hacer mutis ante el avance de los delitos.

Eso sí, unos y otros endosan la responsabilidad a la Federación, con todo y los distintos esquemas que dotaron de mayor dinero, capacitación y armamento a los estados.

De esa manera, en el actual sexenio los brotes de violencia saltan por todos lados y las masacres tienen mayor velocidad, con grandes secuelas. Minatitlán, Salamanca, Coatzacoalcos, Michoacán dan cuenta de ello, hasta llegar a lo sucedido con la familia LeBaroón en los límites de Sonora y Chihuahua, lo que tal vez provoque nuevamente una capacidad de asombro perdida hace muchos años.

Hay familias envueltas continuamente en la tragedia, y una de ellas es precisamente la familia LeBarón. Uno de los primeros acontecimientos fue el asesinato de Joel LeBaron, ordenado por su hermano Ervil, el cual fue detenido y procesado. Varios de los miembros de esta familia se han visto envueltos en crímenes de todo tipo, desde asesinatos hasta secuestros.

Sin embargo la familia también se ha visto afectada, como fue por la muerte de Benjamín y el secuestro de Erick, y ahora con el inenarrable crimen de menores de edad (niños) y tres mujeres que sacudió conciencias, aunque no generó asombro en la sociedad y menos en la autoridad, ya que nos estamos acostumbrando a este tipo de sacudidas.

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