20 julio 2019
El Popular

Invitado

La soberbia, la vanidad, la prepotencia y el autoritarismo: malos consejeros

Por Eleusis CÓRDOVA MORÁN. / julio . 12, 2019.

Aun a riesgo de parecer repetitivo, la huelga de la Policía Federal me obliga a tener que referirme a sucesos pasados para, a la luz de éstos, poder concluir que el acontecimiento reciente, referido líneas arriba, es “más de lo mismo”.

Como recordará el encarecido lector, una de las primeras, más graves y controvertidas decisiones que tomó el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, fue la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), esgrimiendo para hacerlo una consulta organizada a modo, con ciudadanos que nada o muy poco saben del impacto económico y social que para el país tendría la cancelación o no de dicha obra.

Los especialistas en la materia dijeron, y siguen diciendo, que la cancelación de dicha obra es un grave error desde cualquier punto de vista que se le quiera analizar: económico, social, político, turístico o de desarrollo. Nada valieron los argumentos incontrovertibles. No sólo no se rectificó la decisión, sino que, para evitar su construcción en fechas posteriores, parafraseando a Dante, “para que pierdan toda esperanza” los defensores de dicho proyecto, se propuso por parte del gobierno la inundación de todo lo construido, acción que está momentáneamente suspendida merced a un amparo otorgado por un juzgado federal. Seguramente se impondrá la soberbia, la prepotencia y el abuso del Poder Ejecutivo y pronto veremos anegados miles de millones de dólares, y junto con ellos cientos de razones y argumentos de ciudadanos pensantes.

Ignorando olímpicamente las opiniones de compañías especializadas en construcción de refinerías, el presidente de la República ha decidido, por sí y ante sí, edificar la refinería de Dos Bocas en Tabasco. Al bote de la basura han ido a parar los presupuestos que demuestran que los costos para su construcción son más elevados que los presupuestados por el gobierno, los estudios y argumentos de que económicamente es incosteable y que el agotamiento de la producción petrolera la condena en poco tiempo a ser inoperable y a convertirse en un elefante blanco más. Así, por obra y gracia de la prepotencia, soberbia y vanidad del presidente, se invertirán miles de millones de dólares en una incosteable e inoperable refinería que, por si no bastara, acabará con el medio ambiente de los manglares que están donde se edificará.

Con una soberbia e inconsciencia inauditas, el presidente de la República ha suprimido de tajo --con el argumento de estar aplicando la austeridad republicana-- diferentes programas sociales, apoyos a instituciones científicas, artísticas y literarias, recortes a organismos de la sociedad civil, que están colocando en grave riesgo la salud de los mexicanos, la posibilidad de acceder a un trabajo honrado y bien remunerado, el desarrollo científico, artístico y cultural del país, la organización y vigilancia de la vida democrática de México.

Se convierte así a los mexicanos en ciudadanos de segunda, imposibilitados para lograr una vida digna, próspera y superior, cimentada en un clima de paz, trabajo y desarrollo cultural; producto del manejo electorero, denigrante y abusivo del programa de transferencia directa. Una guerra de descalificaciones, calumnias, ofensas y calificativos ofensivos a las voces disidentes es la respuesta a los ciudadanos que se atreven a opinar, aportar ideas nuevas y diferentes, para forjar el México grande, libre y democrático que anhelamos.

Hoy la Policía Federal se encuentra en huelga, por obra y gracia de la política soberbia, prepotente y abusiva del presidente de la República. Desatendiendo los gritos de alerta sobre los peligros que esta política contra la Policía Federal hacían prever, consistente en querer rebajarles el sueldo, negarles el derecho a la jubilación, enviarlos a formar parte de la Guardia Nacional bajo las órdenes del ejército nacional, y asignarlos para realizar funciones de policía migratoria sin las condiciones mínimas para su buen desempeño, tales como dormitorios, baños y comida, era de esperarse que el conflicto se desatara.

A esto hay que agregarle la campaña de desprestigio lanzada con antelación a la policía federal por el gobierno que, una y otra vez, los acusó de fifís, de estar “descompuestos”, de ser amigos de la buena vida y de las comodidades que brinda la ciudad. Concatenadas las dos cosas, sólo era cuestión de tiempo para que el conflicto estallara, y estalló.

Fiel a sus métodos de desprestigio, que tan buen resultado le han dado al presidente, rápidamente se ha puesto a afirmar que los policías no tienen razón, que hay “mano negra” detrás de este movimiento. Olvida que ninguna “mano negra” puede manipular ningún movimiento, si no existen condiciones que lo originen. No hay la mínima autocrítica a su política de oídos sordos, ni un giro a su política desprestigiadora para acallar movimientos. No hay, ni por asomo, la intención de corregir, mediante el diálogo, las disposiciones erróneas que provocaron el conflicto. Sólo hay soberbia, prepotencia y autoritarismo, demostrados con la prolongación y la consecuente agravación del conflicto.

Sabedores por experiencia de cómo razona y actúa el presidente, sólo nos resta esperar cómo y con qué graves resultados para la nación se resolverá el problema. Ojalá sean mínimos para el transitar en paz de la nación, aunque no sean suficientes para un cambio en el actuar presidencial.

Por eso hay que seguir organizando y educando al pueblo hasta que éste sea capaz de colocar, al frente de todos nosotros, a un gobernante justo, ecuánime, atento con el pueblo y sus necesidades y amante del desarrollo en paz, con la participación de todos sus hijos en la construcción de una nueva patria.

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