18 julio 2019
El Popular

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Aún hay esperanza

Por Silvino VERGARA. / junio . 19, 2019.

"Las normas penales por sí solas son insuficientes, y paradójicamente demasiado débiles, para mantener el sistema de valores sobre el que descansa una sociedad". Francisco Muñoz Conde

Verdaderamente aún hay esperanza. En las ultimas noticias se ha informado que el 31 de mayo de 2019 se abolió la pena de muerte en New Hampshire, Estados Unidos de América, en donde no se ha ejecutado la pena de muerte desde 1939; no obstante, se encontraba vigente dicha pena capital. Así, esa entidad de la Unión Americana se suma a los estados de aquel país en donde se ha abolido esa pena; por ello es que resulta de suma importancia resaltar, aplaudir y subrayar esa medida legislativa.

En México se encuentra prohibida la pena de muerte en la Constitución, así como el compromiso de no imponerla nuevamente atendiendo a diversos tratados internacionales que ha firmado nuestra nación, no obstante que en algunas ocasiones, sobre todo cuando se acercan las campañas electorales y en los medios se observa algún caso extraordinariamente inhumano causado por la delincuencia, es que se vuelve a poner en tela de juicio la procedencia de la misma.

Sin embargo, al estar prevista en la propia Constitución es prácticamente imposible que se pueda instalar nuevamente en México, pues desde la doctrina se puede sostener que se encuentra dentro de la denominada: “esfera de lo indecidible” (Ferrajoli, Luigi y Juan Ruiz Manero, 2012. Dos modelos de constitucionalismo, una conversación. Madrid: Editorial Trotta). Es decir, lo que las mayorías en una democracia no pueden modificar atendiendo a los derechos de los minorías. Por ello es que no tiene cabida la procedencia de implementar esa pena nuevamente en nuestra nación, por lo que cuando los políticos la ponen en la mesa, demuestran la falta de conocimiento al respecto, pero sobre todo la poca importancia que se le da a la vida humana.

Desde luego que la pena de muerte sigue siendo alguna de aquellas sanciones simbólicas y de las denominadas ejemplificativas; por ende, no van dirigidas a la persona a quien se le ejecutan, sino a la sociedad. No es una pena para quien cometió el delito concretamente, sino para la generalidad de las personas; por ello es que se encuentran prohibidas, pues la pena no puede tener el carácter de algo simbólico o ejemplificativo, ya que de ser así se convierte en desquite y, por ello, se pierde la noción entre justicia y un simple acto de venganza, que muchas de las ocasiones confundimos entre la pena que impone el Estado con la simple represalia. Por ello es que determinantemente debe estar prohibida la pena de muerte (Zaffaroni, Eugenio. En busca de las penas perdidas, Ediar, Buenos Aires, 2005).

En Estados Unidos de América, en los casos en donde se impone la pena de muerte es evidente que ese papel de la misma de resulta ejemplificativo, pues a quien se ejecuta se le permite ver a sus parientes y familia, salen sus últimas palabras en noticieros, se le permite comer lo que desee. Todo un protocolo de la venganza en pleno siglo XXI.

El problema que se tiene en la actualidad, en México particularmente y en muchos países de América Latina, es que las penas, sobre todo la carcelaria, se han prolongado a grados excesivos. Es decir, hoy observamos penas de más de cien años de cárcel, sobre todo respecto a delitos federales y de los cuales no tiene ninguna intromisión los gobiernos de los estados, sino que se trata en esa serie de leyes especiales que se han creado para que se combatan actos como el secuestro y la desaparición de personas. Sin embargo, lejos de que con esas leyes especiales y penas excesivas se pueda resolver el problema, por el contrario, se incrementa.

Atendiendo a esas sanciones carcelarias tan excesivas, incluso de más de 30 años de cárcel, es que resulta necesario que se haga el análisis bastante profundo y concienzudo sobre si es que una pena en la cárcel se puede asumir su analogía con la propia pena de muerte, bajo el planteamiento de que si una pena corporal de más de 30 años de prisión puede aun ser peor que la pena de muerte, pues de ser así entonces, estamos ante la presencia de penas que por su analogía deberían de estar prohibidas, por tratarse de verdaderas penas de muerte.

En síntesis, con este ejemplo que ha puesto el estado de New Hampshire para el mundo de abolir la pena de muerte, ahora corresponde analizar esas penas análogas y que siguen estando vigentes en una diversidad de naciones, pero sobre todo ejecutándose sin que esos castigos tengan mejor utilidad que la simple venganza de la sociedad y la justificación ideal, por parte de los Estados y sus instituciones, para demostrar que se está haciendo algo para combatir la criminalidad, la inseguridad pública, la delincuencia, aunque su resultado sea inútil.

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