18 junio 2019
El Popular

Invitado

Los acuerdos convenidos con EU, resultado de una política equivocada

Por Eleusis CÓRDOVA MORÁN. / junio . 13, 2019.

La amenaza de aplicar el 5 por ciento de aranceles a los productos mexicanos que se exportan a Estados Unidos, blandida por el gobierno de ese país, obligó al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a nombrar una comisión negociadora, encabezada por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, para que, conocidos los motivos que esgrimía el Estado americano para la aplicación de dicho castigo, buscara la forma de evitar su puesta en marcha por las graves consecuencias que para la economía nacional traería la aplicación de dicha medida.

A nadie se le escapa que eso de ir a negociar no es más que un eufemismo, pues como todo mundo sabe, para que un diálogo adquiera la categoría de negociación debe darse éste entre iguales, lo que dará a cada uno de los contendientes la posibilidad de defender la justeza y racionalidad de los argumentos, o de negarse contundentemente a aceptar injusticias fundadas en la fuerza del poder.

Por tanto, sin asomo de menosprecio a nuestra nación, ni al presidente de la República, ni a la comisión “negociadora”, sino sólo para tratar de explicar los resultados, buscaré decir que lo que tenía que pasar pasó.

El gobierno yanqui impuso --aunque se diga lo contrario y se hagan festejos por el “triunfo”-- tres cosas hasta hoy conocidas, por las declaraciones de Ebrard, por el Twitter de Trump y por las filtraciones a la prensa:

Primero. Se compromete el gobierno de México, en un plazo no mayor a 45 días, a enviar seis mil efectivos de la Guardia Nacional a la frontera sur, para detener la ola migratoria de los países centroamericanos y demás partes del mundo, que cruzan nuestro país para llegar al “paraíso terrenal” que, nos han hecho creer, es Estados Unidos. En el plazo fijado, deberá notarse la disminución de los flujos migratorios que, según datos del último mes, ascendió a 140 mil migrantes. De no cumplir nuestro país con este acuerdo, la aplicación del 5 por ciento de aranceles a las mercancías que exportamos a Estados Unidos se efectuará indefectiblemente.

Segundo. El gobierno de Estados Unidos “pidió” a México acepte el estatus de “tercer país seguro”, lo que implica que México reciba en promedio a 10 mil migrantes que, habiendo cruzado ilegalmente la frontera, pero hayan iniciado gestiones para adquirir la ciudadanía norteamericana o la visa, esperen de este lado la respuesta de la oficina de migración norteamericana. Es decir, el gobierno de México debe comprometerse, además, a proporcionar el territorio como refugio a los migrantes; a dar educación, alimento, vivienda y trabajo a los migrantes que nos envíe Estados Unidos y a los suspirantes en la frontera, para que los gringos vivan en santa paz, sin zozobras, sin la molesta presencia de los pobres y sin ninguna obligación que cumplir como país objetivo de los de migrantes. Mayores abusos…, ¡imposible! ¡Nos nombran, por sí y ante sí, su patio trasero!

Tercero. El gobierno mexicano aceptó comprar grandes cantidades de productos agrícolas producidos por los agricultores texanos. Que la quiebra de la agricultura nacional es inminente con esta medida, está fuera de toda duda, aunque para justificarla, mañana o pasado se maneje que se hace porque son más baratos los productos importados que los nacionales. Sería una argucia. El problema es que esta muy probable compra es producto de un acto de fuerza, de un abuso de poder; y no producto de una decisión inducida por las leyes del mercado.

¿Qué obtuvo México en esta “negociación”? ¡Nada! Que sí obtuvo humillación, violaciones a nuestra soberanía, menosprecio a nuestro gobierno y ofensas a nuestra calidad de ciudadanos libres. ¿Por qué? ¿Qué provocó la ira gringa? Varios analistas, mucho más autorizados que yo la explican por el hecho de que, ante la casi segura reelección de Trump, éste necesita votos para triunfar, mismos que puede obtener con la imposición de aranceles a los productos mexicanos, explotando la fobia antimexicana.

Aunque no son excluyentes, y algo hay de cierto en esta hipótesis, me atrevo a plantear que la verdadera causa de la ira yanqui es la política que en torno a la emigración está aplicando el gobierno de López Obrador, que consiste en garantizar el libre tránsito a la frontera norte a todos los migrantes facilitándoles transporte, albergue, alimentación y trabajo a quien lo desee, de manera permanente o temporal, mientras obtiene el permiso correspondiente para continuar su tránsito hacia los Estados Unidos.

Como era natural, la avalancha humana se vino encima. Los gringos, siempre pendientes y amigos de su tranquilidad a costa de la miseria, atraso y marginación de las demás naciones, vieron en esta política migratoria un grave peligro para su estabilidad como nación, y procedieron a nulificarla como ellos lo saben hacer: mediante la presión, chantaje, abuso y violación de los derechos de las naciones y de los individuos.

Ahora bien, esto lo debió saber López Obrador y prever los resultados e implementar el segundo, tercero o cuarto dispositivo que le permitiera defender con dignidad y sortear con inteligencia la iracunda respuesta gringa a su política voluntarista, si esto fuera posible; o evitar su aplicación, por tener los medios para respaldar dicha política. Debía haberse acordado de don Miguel de Cervantes Saavedra que, en su prólogo a la segunda parte de Quijote, narra que un loco, después de haber recibido una felpa histórica por haber maltratado al perro de un bonetero, a partir de la tunda recibida, cada vez que encontraba un perro, decía: “…¡guarda!, que es podenco”.

López Obrador debía de haber esperado. Nada. Dando pruebas una vez más de su soberbia, prepotencia e ignorancia de política internacional, se puso a picarle las asentaderas a un toro bravo que terminó viniéndosele encima, y él sin saber torear. Resultado: ésta es la razón por la que estamos sufriendo tan graves humillaciones.

Veo imposible que López Obrador reflexione y corrija su política equivocada, no sólo en torno a la emigración, sino en todos los terrenos, por lo que sus llamados a defender la soberanía nacional no son más que circo, maroma y teatro. Nunca podrá defender nuestros derechos como nación, si no se pone a combatir la pobreza de manera efectiva, para que el pueblo adquiera dignidad, no podrá defendernos como nación si no hay salud, educación de calidad, trabajo, desarrollo científico, tecnológico e industrial, que nos permita ponernos al tú por tú en la defensa de nuestra soberanía en todos los terrenos, en el concierto de las naciones.

Para lograrlo debe suspender el programa de asignación de recursos de manera directa, porque este tipo de programas nos van conformando como un pueblo sin dignidad, indiferente al trabajo, enemigo del mínimo esfuerzo e indiferente ante la cultura. Y en su lugar crear empleos bien remunerados, resolver los problemas de vivienda, salud, educación y bienestar para recobrar nuestra dignidad como nación y estar en posibilidades reales de defender nuestra soberanía.

Mientras no elevemos la autoestima de los mexicanos mediante la elevación y mejoramiento en sus condiciones de vida, tanto físicas y materiales como intelectuales, estamos imposibilitados para defender como nación nuestra soberanía y libertad.

Ahora bien, conociendo la manera prepotente de actuar de López Obrador, estoy seguro que las sugerencias hoy vueltas a plantear volverán a caer en el terreno estéril, pero muy muy estéril, del soberbio morenismo.

Por esa razón, hoy más que nunca se impone la tarea a todos los mexicanos, pero principalmente a los únicos capaces de sentir verdadero amor, verdadera preocupación por la marcha ascendente del país, que son los trabajadores de la ciudad y del campo, los humildes y los desvalidos, la conformación urgente de un partido que lleve a la nación por esta ruta, si no queremos pasar a ser no el patio trasero de los gringos, sino una colonia yanqui, con la consiguiente pérdida de nuestras libertades, religión, costumbres, tradiciones y cultura, que nos han dado el carácter de nación única e indivisible. En nuestra decisión está nuestra libertad.

 

* Diputado federal del Movimiento Antorchista

Te puede interesar