18 junio 2019
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Mercado Unión, en las manos del crimen

Por Francisco RIVAS |

Dentro de los oscuros pasillos operan vendedores de droga al menudeo; afuera se comercializan artículos robados, principalmente autopartes.

Archivo Enfoque | El Mercado Unión es un auténtico “hoyo negro”.

El Mercado Unión es un auténtico “hoyo negro”. Al interior del sitio ya no hay ningún rastro de legalidad y los grupos criminales son los que operan, con la complacencia de las autoridades municipales.

Afuera aún hay comercio legal, principalmente de prendas de vestir de segunda mano.

Adentro, por el contrario, es un espacio exclusivo para prácticas ilegales, donde imperan delitos como narcomenudeo, robo de autopartes, robo de aparatos de telefonía celular y de electrónica.

Al pie de los accesos al mercado se aprecia un sitio lúgubre. No hay luz en el interior y apenas entra algo de la claridad del día. Los locales aún lucen claramente delimitados, pero vacíos; el movimiento es mínimo.

Ocasionalmente un par de hombres recorren el lugar y escudriñan con la mirada a quienes se atreven a asomarse por las puertas. Los clientes ya no se paran ahí por temor.

Después de la disputa por el control del inmueble que derivó en una balacera con saldo de tres personas muertas a finales de 2018, hoy ven al Unión todavía más peligroso.

Los locatarios que se instalaron en un tianguis afuera evitan hablar del tema porque pagan derecho de piso y, además, quienes cometen una indiscreción son amenazados.

En el interior operan centro de venta y distribución de droga al menudeo, desde donde abastecen diferentes puntos de la ciudad.

Además, las bandas de narcomenudeo coordinan otras actividades como el robo de autopartes, principalmente de neumáticos.

Lee: Proponen convertir Mercado Unión en sector de la policía municipal

Frente a la calle 15 Norte, en la parte posterior del inmueble, hay llantas apiladas, todas de dudosa procedencia. Se ofrecen al público hasta 80 por ciento por debajo del precio de lista.

En un vehículo almacenan más de 30 llantas, amontonadas, disponibles para los clientes; las mantienen así porque en caso de un operativo, cierran la unidad, arrancan y se van sin perder mercancía.

En ese espacio hay por lo menos 20 hombres. Todos lucen mal encarados. El aspecto de los presuntos vendedores provoca temor, o al menos nerviosismo, para quien no acostumbra visitar un vecindario difícil.

Se mueven con sigilo y no permiten que nadie se acerque si no es parte del grupo o que realmente muestre interés por comprar una refacción.

Los hombres que permanecen afuera, al pie de la pila de llantas, no poseen un semblante diferente y vigilan con la mirada a todos los que pasan.

A esas dos prácticas ilegales se suma la venta de teléfonos celulares y de aparatos electrónicos, e incluso electrodomésticos.

En las inmediaciones no hay elementos de la Policía Municipal ni de ninguna otra corporación; tampoco se ve a funcionarios del Ayuntamiento de Puebla para regular las actividades del mercado.

“Las autoridades dejaron el mercado y se lo quedaron estas banditas y aquí ya somos pocos los que nos dedicamos realmente a vender productos limpios,” expresa un locatario.

“No sé de bandas ni nada de eso, pero está claro que son delincuentes,” agrega con temor a ser descubierto.

Un par de semanas atrás, el regidor Edson Cortés Contreras propuso demoler el inmueble y disponer el espacio para construir un centro a cargo de la Policía Municipal de Puebla, para garantizar seguridad en la zona.

No obstante, locatarios ven que las autoridades primero tendrían que “expulsar” a las bandas para recuperar el sitio y, consideran, se trata de un reto que después de años luce complejo conseguirlo.

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