18 julio 2019
El Popular

Bregando

No se sale al tercio para dar las buenas tardes

Por Jaime OAXACA. / junio . 04, 2019.

Salir al tercio, para saludar o agradecer al público es algo que se ha devaluado en la fiesta de los toros. Algunos toreros suelen robarse las salidas al tercio, están tan choteadas que perdieron valor taurino, ya cualquiera sale.

Dicho privilegio, porque eso es una salida a saludar al tercio, no lo otorga el reglamento, por consiguiente no depende del juez de plaza. Saludar en el tercio o dar la vuelta al ruedo exclusivamente lo aprueban los asistentes a las plazas.

El púbico es factor definitivo porque con sus aplausos, aprueba que los diestros saluden en el ruedo, cuando la ovación continúa, entonces sigue la vuelta al ruedo.

Actualmente se ha hecho costumbre que los matadores salgan por su cuenta al tercio, sin que nadie se los pida, eso es robarse la salida al tercio. También es cierto que los asistentes desconocen que una vez que el toro ha sido arrastrado es el momento para calificar con sus palmas si el coleta en turno mostró argumentos para saludar en el ruedo.

Me tocó ver hace muchos años en Pachuca a un torero norteño que fue premiado excesivamente, siempre han existido jueces lambiscones con las figuras, cuando el alguacil entregó las dos orejas el público pitó fuerte para demostrar desaprobación, el diestro en cuestión ni siquiera quiso dar la vuelta al ruedo, para evitar que siguieran los pitos se refugió en el callejón.

Cuando los subalternos son los merecedores, también es el público quien los llama, aunque vale aclarar que, por cuestiones de jerarquía taurina, las cuadrillas requieren permiso del matador. Los saludos son por la forma de bregar, por algún quite a un compañero o por la colocación de las banderillas.

Hace muchos años en la plaza México, en febrero de 1993, Alfredo Acosta quien militaba en la cuadrilla de Jorge Gutiérrez, colocó dos pares de banderillas estupendos, sobre todo el primero que fue de poder a poder, el público lo sacó a saludar al tercio. Continuó la lidia y el matador Gutiérrez estoqueó al toro. Después que el toro fue llevado al destazadero nuevamente, con aplausos, la gente pedía a Alfredo saliera al tercio; él estaba dentro del callejón pegado a la contrabarrera sin salir al ruedo, pero era tal la intensidad de las palmas que no tuvo más remedio que hacerlo. Los aplausos no paraban, al contrario, aumentaban, tanto que obligaron a Alfredo Acosta a dar la vuelta al ruedo. Por cierto, durante dicha vuelta no fue acompañado por el resto de la cuadrilla, dos o tres monosabios lo ayudaron a regresar sombreros y prendas al tendido.

Otro caso en la plaza México fue la despedida de uno de los veterinarios de plaza. Al término del paseíllo se anunció la despedida de uno de ellos, el doctor salió al tercio, se le hizo fácil iniciar la vuelta al ruedo, inmediatamente pitó la gente y el despedido en cuestión tuvo que dar marcha atrás.

Un caso más de alguien que no es torero, fue la del paramédico Felipe de Jesús, me parece que así se llama. Fue en mayo de 2000, en una de esas corridas serías que se realizaban después la temporada grande. Confirmó la alternativa Juan Pablo Llaguno padre, su estocada al toro de La Misión la realizó cerca del burladero de matadores, no recuerdo si metió la espada o pinchó, pero el toro le infirió una cornada en el muslo derecho, el percance fue impresionante, la taleguilla blanca inmediatamente se tiñó de rojo. Si el paramédico no mete la mano en la herida y sujeta la vena, el diestro se hubiera desangrado, la enfermería quedó en el extremo opuesto.

A la siguiente semana de realizó una novillada de las que hacía Telmex, al terminar el paseíllo una de las porras empezó a ovacionar y a gritarle al paramédico que saliera al tercio, discreto el hombre apenas si se asomó al ruedo, pero la ovación fue de lujo.

Actualmente se ha convertido en rutina que después de partir plaza los toreros saluden en el tercio. Saludar después de partir plaza debe tener algún motivo significativo, como haber triunfado la tarde anterior o algún otro mérito de peso.

No se sale al tercio para dar las buenas tardes.

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