23 julio 2019
El Popular

Metrópolis

Entre modelos de ciudad te veas Santa María La Alta vs Audi

Por José Miguel GUTIÉRREZ Y HERRERA. / junio . 03, 2019.

Podría considerarse una exageración comparar la Ciudad Modelo de Santa María La Alta en Tlacotepec de Benito Juárez, dentro de la Región de Tehuacán y la Sierra Negra, con la Ciudad Modelo adjunta a Audi, al centro-norte de la Región de Ciudad Serdán, en territorio de San José Chiapa, muy, pero muy cercano a las ciudades conurbadas de Nopalucan y Lara Grajales; la una agricultora, la otra agroindustrial. Después de todo, Ciudad Modelo de Audi es un portentoso complejo al que según el urbanismo moderno convencional, no le falta nada y todo lo tiene en exceso.

La Ciudad Modelo de Santa María La Alta bien cabría tres veces en Ciudad Modelo de Audi. Ciertamente no tiene su monumentalidad, pero tiene alma, alma de ciudad, o sea sociedad que se reconstruye para sí, sin mendingar programas a nadie, siendo como es: un mundo sostenible de vida.

La una, la monumental, la innombrable, opera como una potente factoría, la que produce autos para la exportación, tiene por apéndice a una ciudad fantasma, pues carece de sociedad urbana. Será entonces –y lo es-- un portentoso polo industrial, que tiene capacidad para irradiar desarrollo a 40 kilómetros de distancia, cuya incapacidad absoluta para derramar beneficios interiores es manifiesta, tanto a su propia ciudad fantasma como a las ciudades y pueblos cercanos. Municipios como Soltepec y Mazapiltepec, lo ven como una amenaza. El primero respondió a la imposición de un fideicomiso estatal, con una controversia constitucional, que falló en su oportunidad a su favor.

¿Cuál es el talón de Aquiles de aquel megaproyecto?

1. Al análisis de entorno sólo le interesó el potencial de conectividad regional, en tanto le fue indiferente el tejido social urbano regional.

2. El estudio subregional de esos territorios se inició después de que fue anunciada por el gobierno la decisión de localización de la planta.

3. Al cabo, se dio prioridad a la competitividad extrarregional, a expensas de la sustentabilidad del territorio en cuestión.

¿Y en su tiempo, qué dijeron los urbanistas y planificadores de ello? Absolutamente nada.

En parte por estar aquel centro muy lejos del mundanal ruido y no interesar un territorio por demás subdesarrollado; en parte porque no tenían que decir nada, dado que sus paradigmas de planeación les impedían ver más allá. Imaginar expectativas, hacer preguntas, ensayar respuestas racionales. Hacer que las decisiones de políticas públicas fueran menos verborrea y más acción pública correcta.

Y como la idea de un megaproyecto generador de desarrollo con bienestar local, quedó momentáneamente desprestigiada… ¿Entonces qué hacer? Respuesta: empezar bien desde el principio, ¿Y cómo? Elaborando certeros diagnósticos de la cuestión regional. O sea, que si los grandes proyectos de desarrollo pueden derivar en sendos fracasos, no queda entonces sino salirse del deformante paradigma.

¡Vaya! No es cierto que el desarrollo urbano se exprese mejor en la floración de rascacielos posmodernos, ni que la movilidad de una ciudad se arregle con un complejo entramado de segundos pisos. Menos lo es que para la ciudad una abundancia creciente de autos particulares señale bienestar, aunque para las familias sí. No todo lo que es bueno para algunos lo es para el conjunto social.

En medio de estos dogmas urbanísticos, alguien metido a político tiene que rectificar. Repensar y reconfigurar. Imaginar el futuro para corregir el presente inmediato. Hacer cambiar la actitud de los planificadores. Reconocer que la modernidad —ideal humano— está deformada por el cibercapitalismo, en tanto la sustentabilidad advierte de los límites materiales y humanos del desarrollo tratado a mansalva… Al voltear a ver prácticas exitosas; reconocemos que ahí, Santa María La Alta “nos lleva mano”.

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