20 junio 2019
El Popular

Almadraba

Contaminación

Por Acsel REYES. / mayo . 25, 2019.

En tan sólo un cuarto de siglo he podido presenciar la decadencia social y espiritual de las personas. Me ha bastado poco tiempo para darme cuenta que el ser humano está condenado a destruir todo lo que toca y vive en un mundo donde sacar ventaja del débil o del menos hábil para hacer el mal es virtud. ¿Qué nos sorprende? Si toda pesadilla tiene su final.

Sin entrar en exageraciones ni alarmas sin sentido, es claro que en las últimas décadas se ha acelerado el cambio climático y las principales ciudades del mundo, que suelen concentrar a gran parte de la población, se han visto afectadas y tratan con mayor o menor civilidad de implementar medidas para detener lo inevitable. Probablemente nuestros contemporáneos no vivan para presenciar los golpes más duros de la naturaleza sobre nuestras blandas consciencias; sin embargo podremos presumir algo importante: ser protagonistas del principio del fin.

Si bien es cierto que las nuevas generaciones parecen estar dotadas de una consciencia ambiental mucho más fuerte, todo parece indicar que es demasiado tarde para generar un cambio importante en el mundo. Los más objetivos vislumbran en el mejor escenario una tregua de algunos siglos más entre el ser humano y la Tierra.

El medio ambiente en el que nos desenvolvemos hoy en día, no sólo está marcado por la polución y las partículas cancerígenas, sino también por la falta de empatía en las relaciones civiles entre las personas y la ignominia que nos erosiona sin posibilidad de auxilio. El tiempo del que disponemos viviendo en la ciudad no nos pertenece, y solemos acabar los días con pocas energías y tratamos de utilizarlo escuchando música, leyendo, dibujando o practicando cualquier actividad artística que nos permita soportar la cotidianidad. Además, la contaminación social vive también en la delincuencia en la que reptamos que enferma y calcina entre sus llamas, y pareciera no existir antídoto. Quizá las relaciones humanas en el siglo XIX eran mucho más cordiales y civilizadas, por la posesión de armas y el peligro que implicaba. El miedo es lo único que suele detener la barbarie.

Por lo tanto, como aspirantes a artistas, nuestro único consuelo, como declaró el compositor argentino Luis Alberto Spinetta, será tratar de adornar la realidad para que el mayor número de personas continúen con ahínco su camino, olvidando la decepción que nos genera nuestra especie.

Me despido estimados lectores por unos días, continuaré por estos lares con el pensamiento que me transmitió Sartre hace unos años  LA MUERTE ES UNA ANIQUILACIÓN SIEMPRE POSIBLE DE MIS POSIBLES, QUE ESTÁ FUERA DE TODAS MIS POSIBILIDADES.

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