20 junio 2019
El Popular

Invitado

La tolerancia del poder o el poder de la intolerancia

Por Mario MELGAR ADALID. / mayo . 23, 2019.

"Me gustaría enseñarles el camino al infierno para que se mantengan apartados de él". El camino al que se refería Maquiavelo en 1526, poco antes de morir, no era una vida pecaminosa sino las malas decisiones políticas y las instituciones corruptas. México está en una encrucijada: por un lado el gobierno dice combatir la corrupción, lo cual aleja al país del infierno, pero como no sabe cómo hacerlo, toma malas decisiones y regresa a la ruta diabólica.

El nuevo gobierno cree que las instituciones son las corruptas y no los funcionarios venales que las administraron. Tal vez por eso su curiosa estrategia de acabar con las instituciones y perdonar a los corruptos. No se puede combatir la corrupción vulnerando la estructura institucional. Minar las instituciones es acercarse al círculo del infierno que Dante nunca imaginó. Los ejemplos más evidentes son los que vulneran decisiones políticas fundamentales (federalismo, división de poderes, autonomía universitaria, laicismo): la centralización contra los principios del federalismo; el embate a la Suprema Corte que vulnera la división de poderes; el nombramiento de las dos ministras de la Suprema Corte que no ostentan las prendas y destrezas para el encargo; los ataques a los organismos constitucionales autónomos que dinamitan el largo camino recorrido para construirlos; la torpeza jurídica al eliminar el párrafo constitucional que garantiza la autonomía de las universidades públicas; el desmantelamiento de las instituciones ambientales del país que llevó a la crisis de la Ciudad de México, como la embestida a una institución crucial del Estado mexicano, como la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

La lista puede ampliarse, pero el agravio institucional más reciente ha sido la utilización del Palacio de Bellas Artes por parte de la Iglesia de la Luz del Mundo, o algo así, para rendirle culto al señor Naasón Joaquín García, nada menos que un apóstol de Jesucristo. Homenaje en que la música fue interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Secretaría de Marina Armada de México y transmitida por televisión con autorización del INBAL a múltiples plazas públicas en el país. Con este antecedente las iglesias registradas en la Secretaría de Gobernación podrán, con el derecho del precedente y al amparo del derecho humano a la igualdad, exigir celebrar misas y liturgia en lo que había sido el recinto cultural y artístico de México durante casi un siglo.

El presidente Calles al crear el PNR declaró que México transitaba de un país de caudillos a uno de instituciones. Antes, en 1923, como prolegómeno de la Guerra Cristera, el caudillo Obregón expulsó del país al delegado apostólico Phillipi por la celebración de la coronación de Cristo Rey en el Cerro del Cubilete. El poder de la intolerancia. En 2019 el presidente López Obrador permite que su gobierno convierta un espacio laico por excelencia como es el Palacio de Bellas Artes en iglesia temporal de un extraño culto sin que se sancione a los responsables. Declaró que despedir a los directivos de Bellas Artes no es la solución. El presidente les sugiere pedir una disculpa y reconocer el error. A la población la invita a ser tolerante y "convivir sin importar qué religión profesen".

No es un problema de tolerancia sino del cumplimiento de normas jurídicas, de preservar la naturaleza del estado laico y garantizar una decisión política fundamental. Si el presidente cree que con una disculpa el asunto está zanjado, deja un grave precedente: falta de autoridad y menosprecio por el laicismo. ¿Será que con la 4T transitaremos de un país de instituciones a uno de un caudillo que por cierto no saluda a la bandera? Don Benito Juárez, que fue un funcionario particularmente tolerante, un verdadero líder que dedicó su vida y obra a conformar un país laico, como lo establece la Constitución (artículo 40), jamás hubiera permitido semejante violación al principio de separación de Iglesias y Estado. Hubiera separado de sus cargos a los responsables, que no merecen estar ahí así se disculpen, como sugiere el tolerante presidente.

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