19 mayo 2019
El Popular

Invitado

Más allá de las izquierdas y las derechas y el hartazgo frente a la ineficiencia y la corrupción

Por Tomás Milton MUÑOZ. / mayo . 14, 2019.

Las decepciones ante políticos tradicionales, ineficientes y corruptos han dado paso al surgimiento de personajes no convencionales (algunos de ellos populistas) en diferentes países de América Latina, subregión que se decanta entre proyectos de izquierda y de derecha, en un contexto en el que destaca el enriquecimiento rampante de líderes políticos y de élites económicas.

Personajes con escasa experiencia en puestos públicos, cómicos o políticos reciclados han emergido como candidatos presidenciales en diferentes partes del continente con discursos demoledores frente a las prácticas corruptas, los anhelos truncados y las realidades crudas afrontadas por poblaciones deseosas de contar con líderes honestos que honren sus promesas de campaña, sin importar si son del partido rojo, del verde, del azul o del morado.

En El Salvador, un joven de apenas 37 años, Nayib Bukele, ganó las elecciones presidenciales en febrero pasado, al tomar la bandera del cambio frente a partidos tradicionales de izquierda y de derecha, como el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FMLN) y Alianza República Nacionalista (ARENA), de forma respectiva, que se han repartido el poder en las últimas dos décadas y se han caracterizado por fomentar la corrupción y el subdesarrollo en uno de los países considerados más violentos del mundo.

Los panameños, a su vez, manifestaron el pasado 5 de mayo su cansancio frente a reiterados actos de corrupción y escándalos como el Panamá Papers —por medio del cual fueron revelados los nombres de empresarios, deportistas, personas dedicadas a la farándula y políticos que ocultaban sus ganancias en este paraíso fiscal— y le dieron el triunfo a Laurentino Nito Cortizo, de la alianza de centro izquierda “Uniendo Fuerzas” y que prometió en su campaña promover la transparencia y terminar con las corruptelas gubernamentales.

En los siguientes meses también se disputarán elecciones presidenciales en otros países del continente y la corrupción es uno de los temas principales de las campañas, por ejemplo, en Guatemala —que ha sido gobernada en los últimos cuatro años por un cómico devenido en político, Jimmy Morales— se encuentra en el centro del debate electoral las acciones gubernamentales que han llevado a la salida de los integrantes de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG), grupo avalado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y cuyas investigaciones pusieron tras las rejas a un expresidente y a un mandatario en funciones (Alfonso Portillo y Otto Pérez Molina) y a varios de sus secuaces por actos de corrupción.

En octubre próximo, Argentina tendrá como posibles protagonistas al actual presidente Mauricio Macri y a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, ambos acusados en diferentes ocasiones de enriquecimiento ilícito y de beneficiar a familiares y amigos para hacer negocios bajo el amparo del poder gubernamental. El primero está ligado a la derecha y la segunda a la izquierda, pero independientemente de sus posturas ideológicas, ambos han faltado a la confianza depositada en las urnas por el electorado en materia de transparencia y buenas prácticas gubernamentales.

El tablero electoral de 2019 en América Latina terminará su conformación con las votaciones presidenciales en Uruguay y Bolivia. En el primero de los casos, la corrupción es un tema ausente, pues la nación uruguaya se ha convertido en un ejemplo de eficiencia gubernamental ajeno a escándalos de enriquecimiento ilícito por parte de sus máximos dirigentes. En octubre próximo se definirá si el Frente Amplio, de izquierda, seguirá gobernando el pequeño país sudamericano por cuarto periodo consecutivo, luego de las presidencias de Pepe Mujica (dos veces) y de Tabaré Vázquez.

En Bolivia, que también tendrá elecciones en octubre próximo, Evo Morales buscará alcanzar un cuarto mandato consecutivo para mantenerse en el poder hasta 2025 y cumplir 19 años al frente de la Presidencia, a pesar de que en 2016 perdió un referéndum con el que se consultó a la población si deseaba o no que se permitiera al líder indígena optar por una nueva reelección.

El caso boliviano es sui géneris, pues si bien no se ha acusado ante tribunales de enriquecimiento ilícito al actual presidente, y el país ha registrado un crecimiento económico bajo su mandato, el deseo de perpetuarse en el poder de Evo Morales es un riesgo que podría propiciar actos de corrupción ante la imposibilidad de renovar las estructurales gubernamentales.

La corrupción que corroe a la mayor parte del continente, es sin duda un tema que preocupa a la población y que ha calado en el electorado. En otros países, como México, se convirtió en la principal bandera del actual presidente Andrés Manuel López Obrador durante su campaña.

El hartazgo social frente a este cáncer en México fue capitalizado por el candidato de izquierda y le permitió captar a una parte importante de los electores,hartos y desilusionados de políticos tradicionales que amasaban fortunas de forma descarada y cínica —basta recordar la Casa Blanca, presumida por la exesposa de Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera en una “revista del corazón”—.

El combate a la corrupción debe pasar del plano electoral a la realidad, y para combatir este flagelo se requiere de la participación de todos los niveles de gobierno de los países latinoamericanos, de la sociedad civil, de organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales. Esta enfermedad no se abate con discursos, pues se requieren acciones concretas, leyes, instituciones, voluntariedades, revisiones, sanciones y compromisos sociales que permitan superar frases absurdas y dañinas como “el que no tranza no avanza”.

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM y profesor de cátedra en el ITESM Puebla.

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