18 julio 2019
El Popular

Memorial Perpetuo

Cólera buey, poesía de la incertidumbre

Por José Rogelio HERNÁNDEZ. / mayo . 14, 2019.

Cólera Buey (Editado en conjunto por la UANL y Posdata Ediciones, 2011) del poeta argentino Juan Gelman es un libro que reúne las perspicacias de un hombre que vivió para servir a la palabra y servirse de ella también, es decir, un vagabundo que buscó en la metáfora una forma de redefinir y revalorizar el mundo y al mismo tiempo hacer del concepto un juego muy intenso en donde él expresa, mediante el poema, emociones que son disfrazadas por la cadencia de la palabra; arregladas por la sagacidad lírica.

El libro, que contiene los versos más importantes de la obra de Gelman, es una muestra de la visión del mundo ante la adversidad; es, también, la expresión más agónica de un hombre que lo vivió todo, o casi todo, y que es el poema una suerte de descanso en donde el hombre, en la soledad de la memoria, evoca el pasado para dialogar con el presente. Cólera buey resulta, por lo tanto, catarsis de la enajenación del recuerdo porque a través de la obra se consigue abordar lo más profundo del hombre: la vida.

Juan Gelman concede al lector visiones muy particulares de percibir, por ejemplo, el amor, la vida, la guerra, el deseo; es un poeta, él, comprometido no sólo con la causa del hombre, sino con lo que el hombre mismo ha creado: una vida política y social, que o perjudica o favorece a unos cuantos. Es, la obra, lo que bien escribió Terencio, y retomó Unamuno: “soy un hombre, nada humano me es ajeno.

En joderse, Gelman escribe: La mala tentación el poema/ que se asoma con cara de/ pobre y pide lástima humilde/ nunca busca otra cosa que arrinconarte una vez más/ entre la sangre y la pared/ entre la espada y el papel/ entre la sangre y el papel. Este poema, es sustancial dentro de Cólera buey ya que éste es un resquicio a través de cual podemos dimensionar la complicidad poética, el último aliento antes del comienzo del verso, porque simboliza la urgente necesidad del poeta para arrojar un maremoto reflexivo, lleno de sensaciones y certezas que dan al poema un valor perse.

La imagen de la mujer, una de las más descritas y abordadas en los poemas de Juan Gelman, es de suma importancia porque a través de esta no sólo describe un género sino que va más allá, porque representa un todo dentro de la concepción de vida del ser humano y del poeta, es musa y es camino, es patria y destino. Escribe el poeta en La más mujer del mundo: sonríe como un cómplice/ bajo el calor suelta de sus animales bellos desnudos indolentes/ y recorren la tierra llenándola de ansias de carne en libertad/ ella prepara sus abismos/ ninguno la conoce (..) y también en Por ahora, escribe: despedazada devorada ahora viejas con ojos secos como/ evaporaciones de largos besos últimos/ saqueos de las sombra las viejas rebuscan/ naranjas el pescado podrido sobras del espectáculo/ cercanas a su polvo viejas ávidas a las puertas del dáncing/ donde los marineros cambiaban mar por putas de cerveza fabulosos.

Colera buey invita a fundirse en las cavilaciones que ahí suceden, Juan Gelman describe sus más oscuras turbaciones; su pluma se desliza al compás de la lírica que el poeta argentino expresa con más sobresalto y angustia que cualquier otra cosa. El principio de toda vida bien lograda, es, precisamente, desenmascarar a la realidad, ver a través de las sombras que cubren la memoria y que hacen de la vida encumbrada en la enajenación una realidad vacía, infundada en falacias; es por tanto que este libro es la posibilidad de volvernos un poco al entendimiento límpido, libre de las percepciones dispuestas a plantear una vida sin reflexión.

Juan Gelman lo dice, es un miserable oruglloso concertista de palabras, implacable de pies desorganiza el caos con loca exactitud, y es que sólo la demencia bien entendida es fármaco para aliviar el mal más grave: la ingenuidad.

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