22 mayo 2019
El Popular

Picando piedra

No se vale

Por Camilo Estrada Luviano. / mayo . 08, 2019.

Ha comenzado la 4T que pone punto final al neoliberalismo, se desea que las cosas cambien y que se inicie la era de “cero corrupción”, “cero tolerancia” a ella y la era de la transparencia y no impunidad. Esto es lo que proclama el nuevo gobierno que, dice, no es sólo un nuevo gobierno, sino un nuevo régimen.

Nuevo régimen, es decir, ahora se iniciará un cambio de sistema político, se supera el “neoporfirismo” y se inicia una 4T. Esto significa que se acaban las prácticas habituales de los neoliberales. Pero esto es una verdad a medias, porque hay cambios en el gobierno solamente, no en la médula de la sociedad mexicana la cual sigue tal cual es. Las desigualdades siguen existiendo y, lo principal, sigue y seguirá existiendo la explotación del hombre por el hombre.

Sin embargo, si se siguiera así la desigualdad existente se profundizaría, trayendo consigo el aumento de la pobreza y de la miseria y esto traería consigo el final del “régimen” capitalista, lo que pondría punto final a la apropiación del trabajo nuevo generado, no por los propietarios de los medios de producción, sino por otros: los explotados.

Y esto es lo que realmente originó y facilitó el “cambio de sistema político”. Y se logró por medio del voto, no se llegó a la confrontación armada; esto significa que los del poder, por la presión de la población —del pueblo—, permitió un cambio político, sólo en el gobierno, ya que las relaciones de producción existentes no se cambiarían…

El cambio sería sólo en el gobierno y por lo mismo limitado, evitando así la posible destrucción de “la gallina de los huevos de oro” que es la explotación, fuente real de todas las ganancias. Pero este cambio de gobierno significaría forzosamente garantizar que sólo la explotación --la apropiación del trabajo ajeno-- sea la fuente del aumento de la riqueza; nada más se les quitaría a la cáfila de funcionarios gubernamentales, una fuente de enriquecimiento, se evitaría que dispongan de los bienes públicos como si ellos fueran los únicos usufructuarios.

Esto último es difícil de lograr, porque vivimos en un mundo capitalista, y si bien las intenciones dichas por AMLO son las de acabar con la corrupción de los funcionarios gubernamentales y transparentar todas las acciones del gobierno, éste es encabezado por gente que, si bien declaran una cosa, sus objetivos se lograrían con el trabajo de un equipo constituido por individuos que en su mayoría vienen de los gobiernos neoliberales; y éstos no son, por lo general, esquizofrénicos.

Peor tantito. Si vemos que la corrupción no sólo es un acto, sino que imbrica una serie de acciones que benefician a unos pocos hechores y a muchos más que forman la cauda de los involucrados, bien sea por acción o por omisión. Y todos ellos, tanto los actores directos como los involucrados, son gentes que actúan y actuarán no precisamente en favor de la buena marcha de la 4T.

Puede haber excepciones, pero ésa es la “realidad real” de nuestra situación, ya que en ella, como en toda la historia de todos los pueblos, siempre hay que tener en cuenta que la historia de la lucha de clases existe aunque nos empecinemos en negarla.

Esta omnipresente lucha de clases, que se da en muy variadas formas, nos obliga a todos a pensar en ella y en organizarnos para tomar un papel activo en la cotidianidad. Pero organizarse obliga, a su vez, a la acción en los hechos, no únicamente en Facebook o en Instagram, o en las así llamadas “benditas redes sociales”.

El cambio es necesario, así se dijo con votos en las elecciones, pero éste sólo se plasmará en las acciones de quienes lo deseen, y estos hechos deben llevar a más acción, porque los que son los directamente afectados por la aplastante victoria de AMLO, y los que en lo general se oponen a este cambio, sí están organizados, y organizadamente se opondrán a la 4T. Y no hacer nada implica también estar en contra de ella, y esto no se vale.

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