17 julio 2019
El Popular

La vida en LEM

El colorismo que construye al otro

Por Efrén CALLEJA MACEDO. / abril . 14, 2019.

“Estas niñas están adulteradas”, exclamó Millicent MacTeer, señalando con el bastón a sus bisnietas, un día de 1932 o 1933. De visita en Ohio, la matriarca —“negra como el alquitrán”— expresó así su desilusión porque Chloe Ardelia Wofford y su hermana estaban “mancilladas”, “eran impuras”, tenían insuficiencia de negritud. ¿Qué significaba esto? “Ser inferior, cuando no Otro por completo”.

Con esta anécdota inició Toni Morrison (Chloe Ardelia Wofford) las seis conferencias sobre las construcciones de la negritud que impartió en Harvard durante 2016. Estas pláticas, compiladas en El origen de los otros (Lumen, 2018), recorren los caminos del colorismo, la política, la esclavitud, la literatura, la ciencia y la propia escritura de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 1993.

El resumen del libro podría ser el siguiente: “No resulta fácil encontrar descripciones de diferencias culturales, raciales y físicas que tengan en cuenta la otredad y al mismo tiempo estén exentas de categorías de valía o rango. Muchas de las descripciones textuales/literarias de la raza, por no decir la mayoría, van de lo malicioso, lo matizado, a lo ‘demostrado’ seudocientíficamente. Y todas incluyen justificaciones y pretensiones de exactitud para corroborar su predominio”. 

Así, Morrison ejemplifica los diagnósticos científicos que les permiten los opresores entender sus acciones como actos altruistas y, casualmente,  justificar la explotación laboral como tratamiento que, en lugar de humillar y descarnar, rehabilita y dignifica. La escritora recuerda que el doctor Cartwright enunció en 1851 dos enfermedades de la raza negra: drapetomanía (el mal que empuja a la fuga) y disestesia etiópica (letargo mental). Estos padecimientos resultaron idóneos porque el ejercicio forzoso, “tan beneficioso para el negro, se consagra a cultivar […]. Así, ambas partes salen ganando, el negro tanto como su amo”.

En cuanto al maltrato físico y la posesión brutal, Morrison menciona el  diario de un tratante que, entre la actividad comercial y las minucias cotidianas, registra su actividad sexual con esclavas a las que lo mismo posee sobre tierra que en una cama. Para quitarle lo terrenal al acto y soslayar la carnalidad del hecho, el hombre da cuenta de su derecho de pernada con anotaciones en latín: Sup. Lect. en lugar de ‘en la cama’; Sup. Terr. en lugar de ‘en el suelo’; In Silva en lugar de ‘en el bosque’; In Mag. o Parv. Dom. en lugar de ‘en la habitación grande o pequeña’, y cuando no quedaba satisfecho, Sed no bene”.

En su análisis de la literatura, Morrison incluye las escenas bucólicas con las que Harriet Beecher Stowe destensa en La cabaña del tío Tom (1852) las relaciones entre amos y esclavos, concebidas para “entretener […] y garantizar al lector que no hay nada peligroso en esa atmósfera, para decirle que es incluso divertida y, sobre todo, amable, generosa y sumisa”. Esto, porque los lectores no eran Tom o sus similares, sino “los blancos [que] necesitaban, querían o podían disfrutar esa idealización”.

También como ejemplo del colorismo literario, Morrison retoma a Henry Morgan, protagonista de Tener y no tener, de Ernest Hemingway. Cuando “habla directamente al único personaje negro de su barco, Morgan lo llama por su nombre, Wesley. No obstante cuando el narrador se dirige al lector dice (escribe) ‘el moreno’”. En un episodio en el que ambos hombres están heridos, Hemingway menciona cinco veces a Wesley como “el moreno”, quizá para “llamar la atención sobre la compasión” de Morgan “por un negro, una compasión con la que ese contrabandista podría ganarse la simpatía de los lectores”.

El exhaustivo análisis que Morrison desarrolla a lo largo de las seis conferencias incluye sus experiencias como editora, vivencias personales y un interesante acercamiento a las reflexiones que originaron algunas de sus novelas: Paraíso pretendió reconfigurar la negritud a partir de preguntarse cuáles podrían ser la motivación y el éxito de una ciudad sólo para negros que insistiera en sus propias normas de pureza, y Beloved se originó de un recorte de prensa de 1856 con enigmático titular: “Una visita a la madre esclava que mató a su hija”.

En LEM sabemos que, como asegura Morrison, “la raza ha sido un criterio constante de diferenciación, lo mismo que la riqueza, la clase y el sexo, tres categorías determinadas por el poder y la necesidad de control”. También estamos convencidos de que la memoria, la narrativa y la toma de la palabra son indispensables para enfrentarse a estas construcciones alevosas de la otredad.

*Centro de producción de lecturas, escrituras y memorias (LEM)

lem.memoria@gmail.com

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