24 abril 2019
El Popular

Stalingrado

Crisis política 2

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / marzo . 23, 2019.

 

Ciertamente, el marxismo se realiza en el estudio concreto de la historia pasada y en la actividad actual de creación de nueva historia. Pero siempre puede hacerse la teoría de la historia pasada y de la política actual dado que, si los hechos son indivisibles y siempre variables en el flujo del movimiento histórico, los conceptos pueden ser teorizados.

Antonio Gramsci

 

Desde la década de 1980, como reflejo de la derrota de los movimientos anticapitalistas y el triunfo del neoliberalismo, despojó de identidad de lucha a la mayoría de quienes se asumen de izquierda, quienes no pudieron mantener un ritmo de actualización, que les permita ser el aliado de la lucha de clases, porque con el salinato, fueron perdiendo identidad, me refiero al Partido de la Revolución Democrática (PRD). Los demás partidos, además de alinearse, se convirtieron en cómplices del sistema, quienes también fueron perdiendo identidad de sus principios doctrinarios, para ser rémoras.

Luego entonces, la característica principal de la crisis política es que no solo han estado referidas a las escisiones en el grupo gobernante, sino que además se modifican la relación entre poder político y los ciudadanos provocan cambios en el modelo o en las formas de dominación, donde es imperante el desmantelamiento de las identidades de cada partido político, para lograr “los cambios estructurales”, tales como la privatización de bienes nacionales, el desmantelamiento de servicios de salud, beneficios a la banca y financieros, etcétera, es decir, cambios, que tuvieron que recurrir a modos de coacción y de represión sensiblemente ajenos a la lógica de la dinámica tradicional de gobernar, en una democracia formal e incluso en una democracia autoritaria como la mexicana.

Precisamente, los tecnócratas lograron que el poder en el gobierno y mediante algunos partidos políticos, como PRI y PAN, las condiciones socioeconómicas, laborales y salariales de la clase trabajadora, se transformara en precariedad de vida, porque están conscientes de que el aparato político, es para fracturar toda forma de pensamiento de lucha, por una individualista, despojando a la clase trabajadora de elementos ideológicos y de partidos para sustentar sus luchas.

Inteligentemente, la clase en el poder, impulsó que las demandas sociales originalmente económicas se convirtieran en políticas. La permanencia de sindicatos charros, las formas de dominación de leyes laborales, son la contención de los mismos trabajadores. Toda expresión social o de trabajadores urbanos o campesinos, los mecanismos de represión son la respuesta.

El salinismo, en su apetito por imponer un modelo económico y político, no dimensionó la catástrofe en la que deriva el poder político, porque la desmotar la razón de ser de cada partido, para que fueran quienes avalen toda iniciativa apátrida, con el tiempo, el conjunto social, ante la represión misma y pérdida del poder económico, sin opciones para el futuro de una creciente población de jóvenes, pérdida de esperanza de vida de personas de la tercera edad. Misma sociedad que ha acumulado malestar e ira contra ese sistema que nos aplasta, quienes, para justificarse, enfatizan que toda crítica es una forma de deformación de la buena voluntad para el desarrollo nacional.

He ahí que la anulación de las conquistas logradas en la posrevolución, los tecnócratas, necesitan cobijarse dentro de cada partido político. Las consecuencias de esta degradación, se van acelerando, porque Salinas de Gortari, sembró en cada nuevo presidente de la república, ese mecanismo de “política ficción”, como él califica un entramado de hacer política.

Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, no tienen una variable de ese impulso político de nación, porque cada uno, confirma la regla tecnócrata, enterados de que el apropiarse de la “voluntad” de cada integrante de los partidos políticos, les garantiza el continuar con el modelo.

Entre tanto, los agravios que padece el conjunto social, se van presentando como la paradoja de esa respuesta de malestar social, en cuanto a que ya no ven ni encuentran en los partidos tradicionales la magia del discurso alienante, en el entendido de que la precariedad de la vida, la represión, sentir que todo esfuerzo por el bien de la familia, es nulo, en cuanto a que una estirpe de la cleptocracia, han hecho de la nación un guiñapo.

Para mí, ese pueblo de hartazgo y malestar, fue acumulando resentimientos contra los partidos políticos que no son respuesta de cada sector social, porque los dirigentes, son el aval del sistema, jamás del pueblo.

Es tal la crisis política que genera la tecnocracia, que hoy, cada partido político (PRI, PRD, PAN, MC) son un esqueleto, porque se tienen que conformar con migajas que lograron, donde sus dirigentes están desesperados por ya no ser ni tener representación real social.

En Puebla, es más catastrófica la situación, porque solamente existen edificios y banderas donde se supone está un partido político, nada más. No encuentro la formalidad de lo que implica y es un partido político, en cuanto a que se continúa con intereses de grupo, no de un pueblo.

 

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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