24 abril 2019
El Popular

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Elecciones en Puebla, ¿verdadero juego democrático?

Por Eleusis CÓRDOVA MORÁN. / marzo . 21, 2019.

El domingo 2 de junio se realizarán elecciones extraordinarias para elegir gobernador constitucional en el estado de Puebla, tras el trágico accidente aéreo en el que perdieran la vida la gobernadora Martha Erika Alonso y su esposo el senador Rafael Moreno Valle Rosas, acatando lo señalado en el artículo 57, fracción XVIII, inciso “a” de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Puebla, y por el que mandata que “el Congreso del Estado convoque a elecciones extraordinarias, ante la ausencia del titular del Ejecutivo, dando aviso de su acuerdo al Consejo General del Instituto Electoral del Estado, para la organización de la elección respectiva”, y así elegir a quien cubrirá el lugar vacante, misma que se realizará en la fecha arriba señalada.

Hasta ahorita tres son los probables candidatos: Miguel Barbosa abanderado de Morena, Enrique Cárdenas por la coalición PAN-PRD-MC y Alberto Jiménez Merino por el PRI.

La candidatura de Miguel Barbosa es casi segura, aunque saldrá bastante lastimada por los ataques que está sufriendo a manos de sus antiguos partidarios. Hoy que Morena gobierna al país, todos se sienten con los méritos para disputar cualquier puesto y seguros de triunfar, por lo que se lanzan en pos sin reparar que, en la consecución de sus fines, se exhiban ante el electorado como individuos ávidos de poder, como gentes sin escrúpulos, sin moral y sin principios.

Les importa un bledo exhibir a Morena como un partido conformado por arribistas ansiosos de riqueza y poder. No les preocupa que, con esa actitud, demuestran que Morena no es el partido representante leal, sincero y efectivo de los intereses del pueblo, pues si así fuera ellos no tendrían cabida en su seno. La actitud de sus miembros demuestra que, como otros partidos, Morena está al servicio de quienes acuden en busca de beneficios personales, al amparo del poder público.

Así se explica la ferocidad con la que pelean el puesto: enjundia y coraje que no pondrían si se tratara de sacrificarse en beneficio del pueblo. Estoy seguro que entonces nadie pelearía ni esgrimiría méritos para obtener el puesto; si hoy lo hacen es porque está de por medio el bienestar, mejoramiento y superación personal de los posibles candidatos. Esto nos dice que están aún muy lejos los tiempos para que Morena sea el partido del pueblo y para el pueblo.

La alianza PAN-PRD-MC tiene como seguro candidato al exrector de la Universidad de la Américas Enrique Cárdenas. Su candidatura es prueba de la terrible lucha intestina que se vive en el PAN y en la corriente morenovallista. Dejaron fuera a panistas de pedigrí como Francisco Fraile, Eduardo Rivera, Luis Bank, Blanca Jiménez, Salvador Escobedo y otros, no porque fuera necesaria esta eliminación anticipada para lograr el triunfo de Enrique, sino para cobrar agravios personales y encubrir la lucha electoral fingida del PAN y aliados, como una manera de planchar, al mismo tiempo, el camino del triunfo de Miguel Barbosa. Cualquiera que sea la explicación, el resultado es el mismo. No cabe duda de que en el PAN también se cuecen habas.

Es un secreto a voces que el PRI eligió como su candidato al gobierno de Puebla a Alberto Jiménez Merino, por el único mérito de ser militante marinista. Este hecho le quita al PRI y a Merino las pocas simpatías que le quedaban. Si a esto le agregamos la inconformidad que  provocó la imposición de su candidatura, al no haber sido convocados todos los que se sienten merecedores a ocupar tan disputado puesto y lograr la necesaria e imprescindible unidad, tenemos que, igual que la candidatura de Cárdenas, la de Jiménez Merino es una candidatura que está muy alejada de un posible triunfo y, por tanto, es un candidato a modo para planchar el triunfo de Barbosa.

Vistas así las cosas, el juego democrático al que convocan las elecciones del 2 de junio es una verdadera farsa. No hay opciones distintas para el electorado. Por eso, ante la imposibilidad de encontrar en los candidatos a alguien en quien confiar para un desarrollo y progreso posterior, el electorado, equivocadamente, vende su voto como una forma de obtener algún beneficio que de otra forma nunca les llegará.Así, el falso juego democrático prostituye a la democracia, desencanta al electorado y pone en grave riesgo la estabilidad de la nación. Urge un cambio a fondo en la manera de elegir candidatos, y una diferenciación clara de principios entre los diferentes partidos para presentar atrayentes ofertas al electorado, si queremos mejorar y ampliar nuestro régimen democrático.

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