16 junio 2019
El Popular

Bregando

Jueces sin autoridad, ahora mandan las empresas

Por Jaime OAXACA. / marzo . 05, 2019.

Cuando se incumple el reglamento taurino, cuando se quebrantan las normas y la tradición, es asunto de varios partícipes de la fiesta brava: empresarios, toreros y ganaderos; en diversos porcentajes, pero todos con culpabilidad. Aunque el único responsable legal sea el juez de plaza, al menos en papeles.

Demasiada responsabilidad para el juez de plaza, debe ser durísimo enfrentarse a tanto tiburón y la mayoría de las veces los jueces sin apoyo de la presidencia municipal del lugar respectivo. No les queda otra más que ceder.

Prácticamente está perdida la batalla del juez, imposible vencer porque la lid es contra todos, enfrentan al empresario, a los toreros, al ganadero, a la prensa. No hay forma de ganarles.

Erróneamente se cree que cuando imponen su ley los profesionales, el derrotado es el juez de plaza. No, no es así, aunque de momento lo parezca. A quien realmente se le hace daño es a la fiesta; pareciera que a los toreros y empresarios no les importa; inclusive, es para pensar si todos los profesionales tienen un acuerdo tácito para convertir el espectáculo en parodia.

La mayoría de las figuras extranjeras y algunos mexicanos, los que tiene fuerza, más o menos así le hacen cuando van a actuar en alguna corrida.

El veedor de toros, por órdenes del matador, escoge en la ganadería algo que no esté muy grande, generalmente novillos gordos, con poca cornamenta. Causa pena decirlo, pero visitan ganaderías carentes de bravura, de esas descastadas, conocidas en el medio como ganaderías comerciales.

Cuando se entrevistan el empresario y el apoderado, se ponen de acuerdo en lo toros, que ya escogió la figura en cuestión. El empresario podría mandarlo al diablo, él es el que paga, podría poner condiciones pero prefiere no hace valer su dinero, no sea que la figura se enoje.

Generalmente los empresarios se someten a las peticiones del apoderado. A muchas figuras les corresponde ser primer espada, eso no les gusta. Un rejoneador famoso, ni de chiste abre plaza tal como dicen los reglamentos. No siempre es pretexto, pero algunas veces hay homenajes, develaciones de placas, adornos en el ruedo, para que cuando salga el primer toro haya transcurrido algo de tiempo del horario anunciado.

La mayoría de los reglamentos especifican que los toros tienen que llegar a la plaza con tres o cuatro días de anticipación a la corrida. Una vez que llegan, el juez y su equipo observan, analizan, aprueban o desaprueban, según el caso. Existen cosos donde los encierros llegan en la mañana del día del festejo, con la intención de presionar al juez que acepte todo lo que se desembarca.

Los toros se pesan al bajarlos del camión, del cajón del camión van a la báscula y luego a los corrales. Cuando se rechazan algunos toros, lógicamente la empresa se defiende con argumentos de todo tipo, evidentemente tiene todo el derecho a hacerlo, negocian con las autoridades y suelen ponerse de acuerdo, en esos casos el arreglo es benéfico para todo mundo.

Pero cuando torea alguna de las figuras no hay negociación, ni existe beneficio para nadie. Los jueces apechugan, los presionan de todas las maneras posibles, por la buena, con amenazas, hasta reciben llamadas de personajes de la política “les sugieren” no pongan peros. Salen a relucir las frases: vamos a hacer fiesta, seamos positivos, vamos a cerrar filas, la fiesta es primero, etc.

Las premiaciones a toros y toreros también son influenciadas por la empresa, así surge la exageración en premios, que todo mundos presuma una corrida exitosa, aunque muchas veces todo es puro cuento, pero para eso sirve la prensa alcahueta, para justificar, para soltar lisonjas, alabanzas. Dicen que se basan en el positivismo, el amor a la tauromaquia; la gente más adentrada en el medio sabe que están coludidos con los profesionales.

Total, cada vez en más común: los jueces sin autoridad, ahora mandan las empresas

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