19 julio 2019
El Popular

Stalingrado

El patito feo

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / febrero . 23, 2019.

Existía un reino donde abundaban los bosques, y en los bosques los lagos, y en los lagos los patos. Lógico.

Un pato hembra, que habitaba en el estanque de un viejo castillo, empolló cuatro huevos y sentase de inmediato a empollarlos, mientras el resto de sus congéneres nadaban y engullía gusanitos.

Cierta mañana, ¡cuac!, que se rompen uno tras otro tres de los susodichos blanquillos, y que emergen al mundo otros tantos patitos, a los que mamá pata acarició con amoroso cariño.

Ah, mis hijines tan monos! Rubios, güeritos, abullonados de suaves plumas. Si hasta parecen hechos por la mano de dios, del dios de los patos, o sea Walt Disney. Estoy cierta, que cuando muráis, vuestras almas se irán derechito a Disneylandia, me cai…

Pero chale: del cuarto cascarón fue saliendo un pollo todo encanijado y desgarbadón, grande y feo, muy ojón para paloma. Ay, ojón.

-Válgame, qué pato más furris. ¿Será morenovallista? ¿Futuro diputado? ¿Líder mitómano? Qué mala pata la mía, si hasta parece armado en México neoliberal salinista. Pero bueno, a lo hecho, pecho. Vamos al estanque, niños, para que reciban su primera clase de natación.

Camino al agua pensaba: “Si este engendrín no es pato, sino un cachirul del crápula de mi viejo, me cai que no va a saber cómo nadan los patos. Y que se ahogue, pues…

Y allá van, cuara-cuacá. Adelante, mamá pata; detrás los tres lindos patitos; de cabús, el torpón desgarbado. Los animales del bosque se detenían:

-¿Y eso? ¿Es vuestro el condenado pato feo, señito?

Qué, mortificación. De repente se adelantó un gansito marinela y ¡mécox!, que planta tres picotazos al mosntruín. Y que se arrima un gato barcino y ¡móles!, que le da un llegue con las uñas. Y que sale del bosque un zorrillo, y alza la pata, y…

—¡Al agua, patos! —grita mamá pata, temerosa de que también a ella le fuese a tocar la rociada de espray.

Pero menos mal: el patazo sabía nadar, y a todas margaritas. De crol, de mariposa, de a muertito. Menos mal.

Pero de regreso a casa:

— A ver, tú el horroroso, ¿sabes poner huevos? —le preguntó doña Gallina. El patito feo negó con la testa.

—Uh, pues entonces eres un perfecto inútil. De perredista, panista o MC no pasarás-

El gato:

—A ver, ¿sabes arquear el lomo, ronronear y echarle tierra a tu popó?

El patito tuvo que reconocer que ignoraba la forma de ejecutar semejante lindeza.

—Entonces mejor ni intentes hacer carrera en política, mi buen.

Llegó la noche. Atejonado en un rincón del vetusto castillo, el feo patito escondió el pescuezo bajo el ala y soltó el sollozo; quedito para no despertar a la familia. “Cuán desdichado soy…

A deshoras de la noche lo oyeron llorar; mamá pata lo acarició en las sombras.

—¿Sabe, madre? El señor Búho me ha dicho: “Por la fachada, debes ser un reverendo cretino” —y me agarró a aletazos.

—Hijo. Hijo mío…

—La seño Liebre me asegura que nunca podré correr como Dior manda, y trató de arrancarme la choya de una tarascada, que si no me agacho…

—Niño de tu madre, pobrín…

—El señor Perro Policía me agarró en una razzia, tuve que dejarle ir, acá bajita la mano, media quincena. “Qué se me hace que eres drogo o líder social”, decía y quería darme pocito…

El sufrimiento del pato decidió a la mamá, madre al fin.

-Aquí me esperan, Hugo, Paco y Luis. Yo voy al cielo a ver al dios de los patos, a pedirle un favor y a promoverle una manda. Vamos, hijo tú me acompañas.

Y sí, ahí van los dos, rumbo al cielo donde mora la divinidad de los patos, entre bosquecito de los Pinos.

Ya frente al divinísimo:

—Señor, sírvete echarle un vistazo a mi hijo. ¿Lo ves? Debería ponerte una demanda, pero sólo te ruego que me lo hagas tantito menos feo, menos desgarbado…

Madre al fin, soltóse llorando…

—Calmantes montes, buena mujer. A ver, que salga en tisniza un gavilán rumbo a la tierra de los patos, con un mensaje mío para todos ellos. Y tú, levántate; toma tu esperpentito y vuélvanse los dos, que vuestras penas han terminado.

Ahí llega a la laguna, y ¡milagro!, los recibe una lluvia de confeti una sinfonía de siquitibunes, cencerros, silbatos y cornetas cuarteleras. ¡Milagro! El patito feo espantado por el estrépito, que se echa al agua, y que entonces, su imagen reflejada en el estanque… ¡milagro de dios de los patos! Los animales del bosque, avisados por el gavilancillo que aquel pato feo era el bueno para el próximo sexenio, clamaban ahora al unísono (grillos, lics, periodistas):

—¡Es cisne! ¡Sus alas son fuerza! ¡Y ese pico de oro! ¡Y ese níveo expediente! ¡Sabio, taumaturgo, Dios! ¡Vamos muchachos, a la bío, a la bao…!

El cisne arqueaba el lomo y se dejaba querer. “De todas formas –pensaba- la que le espera al Gato, al Búho, a la chinche Liebre, jijos de su mal dormir…”

 

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

Te puede interesar