24 junio 2019
El Popular

La Moviola

Guerra fría:l’amour fou

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / febrero . 20, 2019.

La película que podría arrebatarle algún Óscar a Roma (A Cuarón, México/EU/RU, 2018), ya sea por Mejor Película Extranjera, por Mejor Dirección o por Mejor Fotografía, ya está en las pantallas poblanas. Se trata de Guerra fría (Zimna Wojna, Polonia/Francia, 2018) del director polaco Pawe? Pawlikowski, una poderosa historia de amor en tiempos difíciles que guarda ciertos paralelismos con Roma.

Inspirado en sus padres, un muy experimentado Pawlikowski nos relata la historia de Wiktor (Tomasz Kot) un director musical que en la Polonia de la posguerra de los años 50 desarrolla un proyecto para llevar el folclore campesino a los grandes escenarios. Es en ese proyecto que se relaciona con Zula (Joanna Kulig) una de las cantantes del grupo. Sin embargo esta relación se torna difícil a pesar de la pasión que los une, la política soviética de espía y control de los creadores, los separa. Wiktor finalmente escapa al París capitalista sin Zula, y ahí su vida entra en decadencia... hasta que ella regresa. Sin embargo, las condiciones capitalistas tampoco les permiten ni crear su música ni su amor pasional. Son el mutuo amor de la vida pero que el mundo dividido en socialismo y capitalismo no permite ser ni existir.

Presentada también, como Roma, en blanco y negro para desvelar esta historia de amour fou en su arrebatada pasión y necesidad de estar con el otro, pero también de no estar juntos. Esta dualidad que caracteriza a este tipo de amores que causan dolor y felicidad al mismo tiempo construyen el sentido de ser de cada uno y de la pareja. La cinefotografía trabajada con pureza y academismo, con la composición correcta, minuciosamente planeada —igual que en Roma— y con altos contrastes —la gran diferencia— nos remiten al cine europeo de los años 50 y 60, igual que Roma, pero en Guerra Fría la referencia es al neorrealismo italiano y a la nouvelle vague.

También con tintes biográficos, como Roma, Pawe? Pawlikowski a partir de su amplia y reconocida experiencia cinematográfica —como Cuarón— regresa a su tierra natal para mostrar su origen cultural y afectivo en la historia de sus padres en el marco de la situación político —ideológica— también como Cuarón- lo cual magnifica la presencia del director como un ente universal al reconocerse en su humanidad y con ello tocar la humanidad del espectador. Ello determina a esta película como una obra de arte, al igual que Roma. Ambas películas están dedicadas a quienes en la vida real inspiraron a los protagonistas de cada una.

También, como en Roma, Guerra fría es una historia de amor. Pero el enfoque de Pawlikowski es diferente. El amor no tiene formas predeterminadas por los determinismos sociales, los originados y normalizados por el poder, plantea Foucault. Sin embargo, aquéllas relaciones y aquéllos amores que osan retar esos determinismos y salirse de sus formas y de sus fronteras son condenados a la marginación y a la separación, comenzando por la decisión de sus propios protagonistas. Sin embargo, ni la marginación ni la separación diluyen en un ápice ese amor, pues tal pertenece al espíritu y a la eternidad, ahí donde no hay reglas ni ideologías. Ser y no ser simultáneamente es la dimensión del amor verdadero pero que se torna pasionalmente conflictivo y humano cuando ese amor es l’amour fou.

Paralelismos entre dos cintas que han ganado premios y ahora compiten en tres categorías en los premios de la Academia norteamericana de cine. Cintas que más allá de la competencia son obras de arte que merecen un lugar en panorama cinematográfico en universal, pero que alguna de ellas le arrebatará a la otra algún Óscar, y seguramente será Guerra fría la que le quite a Roma el premio a Mejor Cinta Extrajera. Este extraño paralelismo que nos hace comprender y valorar una película con respecto a la otra sea algo así, cinematográficamente hablando, l’amour fou.

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