18 julio 2019
El Popular

La Moviola

Vice: retrato cubista

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / febrero . 06, 2019.

La farsa política en el cine es un género poco usual. Implica una confrontación con el poder así como un intenso conocimiento del mismo. Ambas características las posee El vicepresidente: más allá del poder (Vice, EU, 2018) de Adam McKay, que tiene ocho nominaciones al premio de la academia norteamericana de cine, con Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell y Sam Rockwell en su reparto.

McKay intenta hacer un retrato casi biográfico de Dick Cheney, el poderoso vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica en la administración de George W. Bush quien usara el ataque del 11 de septiembre de 2011 como pretexto para invadir Irak en busca de la riqueza petrolera en beneficio de la iniciativa privada norteamericana. Este retrato inicia con la juventud descarriada y sin sentido de Cheney (Christian Bale), pero es su futura esposa Lenny (Amy Adams) quien enmienda su camino. Ese camino lo llevará a la Casa Blanca protegido por el Partido Republicano y de la mano de Donald Rumsfeld (Steve Carell) durante el mandato del malogrado Richard Nixon. Sus ideas ultraconservadoras, propias de la región sureña sajona de ese país, convertidas en estrategias de poder en la geopolítica mundial, lo hacen ascender sólidamente hasta convertirse en Secretario de Defensa en la administración de George Bush padre.

Tras una pausa en su inútil intento por ser candidato presidencial en su búsqueda jurídica de tener un poder ilimitado, es en la administración de George Bush hijo (Sam Rockwell) donde logra su ambición: tener todo el poder desde la impunidad de las sombras. Logra convertirse en la mano de mece la cuna.

Vice no es una película biográfica, aunque hay una intensa investigación como para hacer una apología de Cheney. Vice no es tampoco una crítica desgarradora en contra de la ambición y de las ideas conservadoras del Partido Republicano. Vice es una sutil farsa que desde la realidad liberal hace mofa cinematográfica de este oscuro y manipulador personaje para revelar la esencia del pensamiento republicano detrás de Trump y sus actos intervencionistas en el mundo. Con creativo descaro, Adam McKay enarbola la bandera antitrump de la industria cultural hollywoodense, y lo hace desde sus cimientos: la imposición del neoliberalismo por los conservadores para manejar el mundo en beneficio de sus intereses económicos y de poder.

Con sutileza McKay se desprende de la diégesis cinematográfica para recordar al espectador en todo momento que está ante un relato analítico del poder, no ante una ficción romántica de un personaje que no debe ser admirado por hacer posible en él la narrativa del sueño americano. Un narrador en off que se convierte en un personaje que se dirige a la pantalla para hablarnos a nosotros, el uso de recursos didácticos para aclarar conceptos jurídicos o estratégicos que subyacen en el poder, escenas de plena normalidad pero con diálogos que no les pertenecen o la evidencia de los actos con recursos del cine tradicional son esa desgarradora sutileza con la que McKay busca revelar desde el cine los juegos de poder que han terminado con muchas vidas, tanto de soldados como de población civil, ambos inocentes y ajenos a la verdadera intención de los secuestros, torturas, invasiones, golpes de estado, ataques, bombardeos y guerras promovidas por los Estados Unidos. Todo manejado desde la comodidad de una oficina en la Casa Blanca.

Vice es una película nacida del enojo, pero también de la creatividad. Es una cinta que provoca en el espectador una risa burlesca y molesta. Es un retrato fársico del oscuro personaje y sus intenciones detrás de las guerras del siglo XXI. Vice es, de Cheney y de Trump, un retrato cubista.

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