26 mayo 2019
El Popular

Invitado

Alumbramiento

Por Laura ÁLVAREZ. / febrero . 06, 2019.

Pocas veces he tenido la fortuna de escuchar a mi voz interior. Hace seis años, Marco, nuestro perro Luka y yo, desayunábamos en un lugar de antojitos. Luka estaba echado en el piso. De pronto me di cuenta de que había una perrita acostada junto a él. Me conmovió mucho su aspecto; se veía profundamente triste y desolada, no quería comer, no movía la cola. Preguntamos si era de alguien y nos dijeron que tenía días ahí, pero no aceptaba comida ni se iba con nadie. Caminamos hacia el auto y la perrita siguió a Luka; ahí se hizo presente mi voz interior: “llévatela”. La subimos al coche sin saber lo que vendría después.

Pasaron los días y se mostraba alejada; ahora que lo pienso, su comportamiento era precavido, como si de forma consciente anduviera con cuidado antes de volver a entregar su amor. Notamos que su pancita crecía a pesar de no comer. Alguien nos hizo notar que estaba embarazada. Hasta ese día, habíamos recibido perritos con problemas de comportamiento, pero nunca a una embarazada. Al principio fue preocupante, pero después llegó la aceptación y la apertura para la nueva experiencia que estábamos por vivir.

Durante el embarazo hubo momentos difíciles: tenía una grave infección, estaba desnutrida; sin embargo, al sentirse protegida, sobre todo por Luka, empezó a comer y a tomar sus medicinas.

Preparamos el espacio para que Tina tuviera a sus cachorros. Colocamos una lámpara, sábanas, agua y toda clase de insumos para ayudarla durante el parto. El día llegó y nerviosos recibimos al primer cachorro; Marco le cortó la bolsa, el cordón umbilical, sacamos las flemas, lo limpiamos y se lo dimos a Tina. Cuando el segundo cachorro asomó la cabeza, Tina nos empujó las manos con la trompa. Con una actitud fuerte, decidida y serena, nos demostró que ella tenía todo bajo control.

La naturaleza no necesita de los humanos. Así nacieron Balú, Beba, Jack, Toby, Chimuelo y Tobi. Todos encontraron una hermosa familia y son inmensamente felices.

Llegamos a la conclusión de que la anterior familia de Tina la echó a la calle al percatarse de su embarazo. Después del parto pensábamos buscarle familia, pero no pudimos dejar ir a una perrita amorosa y valiente, que no sólo sobrevivió a la calle, sino también a la enfermedad, al dolor y al abandono. Lo que terminó de conquistarnos fue su sonrisa después del parto. Era como si estuviera feliz de haber superado la adversidad, satisfecha de haber triunfado contra todo. Ella no lo sabe, pero el día que Tina dio a luz, alumbró nuestra vida.

*Agente perruna y diseñadora gráfica.

 

 Agente Perruna

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