20 julio 2019
El Popular

Bregando

Extra, extra: hubo suerte de varas en La México

Por Jaime OAXACA. / enero . 29, 2019.

Diversas aristas generó la corrida de número cabalístico: 13, de la temporada que se efectúa en la Plaza México, hay tema para comentarios durante la semana, situación infrecuente en la fiesta actual.

Lo mejor de la tarde, según lo veo, fue el regreso de la suerte de varas a la monumental setentona, sobre todo tres puyazos ejecutados a los toros de Villa Carmela: cuarto, quinto y sexto, a cargo de los picadores Alfredo Ruiz El Miura, Carlos Domínguez El Gordo de Iztapalapa Y Francisco Curro Campos.

Qué emocionante es la suerte de varas. Posiblemente no todo mundo entienda los motivos para que los toros sean picados, pero sí disfruta de la reunión de un toro peleando ante un jinete que lucha por no ser derribado, que batalla para manejar su cabalgadura sin dejar de picar al toro, cuando el piquero lo logra el público lo reconoce y ovaciona automáticamente.

¿Qué se requiere para que haya un buen puyazo?

Básicamente dos cosas.

Un toro bravo que acometa a la cabalgadura, que se crezca al castigo y un picador que sea buen jinete, valiente, que no lleve órdenes de su matador, de medio matar al toro desde el caballo.

Sin embargo, en la Plaza México, en ese afán de desaparecer la bravura, se lidian toros bobos, descastados, se ha perdido el privilegio de ver la suerte de varas, la han convertido en un trámite intrascendente, en rutina, como si fuera un mal necesario.

A muchos asistentes no les gusta que los toros se piquen porque tienen la certeza que después de la suerte el toro va a caer constantemente, ahora se acostumbra aplaudir la brevedad, no la pelea. No porque la rapidez tenga validez taurina, simplemente la gente agradece que el toribio no se caiga a cada rato.

Los de Villa Carmela del domingo pasado a acudieron a la cita con los del castoreños. Unos más y otros menos, pero hubo suerte de varas.

Luna Llena se llamó el cuarto, cuando vio al caballo se le arrancó desde lejos, El Miura tragó paquete, se la jugó, castigó sin barrenar, el toro con la cabeza abajo del estribo y el picador con la puya en todo lo alto. Dos valientes peleando. La gente emocionada ovacionaba.

Cuando se deshizo la reunión y el picador abandonaba el ruedo, las muestra de aprobación crecían. El matador en turno le pidió al picador que saliera a saludar, ya sin caballo El Miura saludó en el tercio.

El quinto se les escapó a las cuadrillas quienes no pudieron evitar que San Juanero tomara la vara en la querencia. El de Villa Carmela peleó, el Gordo de Iztapalapa no se arrugó, el toro casi lo llevó hasta el círculo más alejado de las tablas, el picador firme, cumpliendo cabalmente. Fue recompensado con una fuerte ovación. Por cierto, en un caso insólito, el toro fue descordado después del segundo par de banderillas. Salvo el matador José Luis Carbonel que estaba sentado por ahí, ninguno de los demás habíamos visto algo así; lo apuntillaron, al toro, no al torero, hasta que la empresa dio la orden. La autoridad en la plaza es la empresa.

Alguien con buena voluntad, sin ironía, expresó: ojalá sepamos que dice el veterinario después que realice el examen post mórtem. El ingenuo aficionado desconoce que le empresa de la plaza México tiene prohibidos esos exámenes.

Curro Campos, el hijo del recordado Delfino, también se la jugó con la bravura de Soñador, el sexto. Peleó, hasta llevar a la jaca al burladero de matadores, no se arrugó el varilarguero. Evidentemente, se llevó una buena ovación.

Con la ejecución de la suerte de varas, el ganadero y los asistentes constatamos la bravura del encierro.

Otro de los puntos importantes del festejo fue la asistencia del filósofo galo Francis Wolff, quien estaba en el callejón de la plaza, uno de los matadores le brindó un toro. Su película Un filósofo en la arena, se estrena el próximo viernes 1 de febrero.

No hubo arrastre lento ni al cuarto ni al sexto. Cuando dobló el cuarto la afición pedía a gritos premio a los despojos del toro, sólo recibió la ovación del público; el juez nada otorgó. Quizá haya sido porque el ganadero no pertenece al grupo de exquisitos.

Enhorabuena ganadero de Villa Carmela, Eduardo Arenas Barroso, por usted podemos vocear: extra, extra: hubo suerte de varas en La México.

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