22 mayo 2019
El Popular

Picando piedra

Los olmos no dan peras (II)

Por Camilo Estrada Luviano. / enero . 23, 2019.

El actual México es el resultado de toda nuestra historia; así se ha hecho, tenemos el territorio que se ha delimitado en acontecimientos por los que se ha pasado, pero éste es nuestro territorio y, se supone, es nuestro, de todos y para todos; somos un pueblo formado por los que han vivido aquí desde tiempo ha y que tienen sus propias culturas. Sin embargo, desde la conquista, los que llegaron —los conquistadores—, cometiendo atrocidades, latrocinios y asesinatos selectivos y genocidas, se apropiaron de todo este territorio y sojuzgaron a todos los que estaban, formando la Nueva España que era mucho más extensa que el actual México. Ése es nuestro inicio como nación.

Los conquistadores, “los españoles”, adjudicaron a su rey los territorios y la gente que en ellos vivían; ellos, que estaban aquí y no en España, empezaron por organizar su vida, en beneficio de ellos mismos, estableciendo sus reglas que debían ser acatadas por todos so pena de muerte, y así va naciendo una nueva sociedad con los peninsulares a la cabeza, la sociedad novohispana que duró tres siglos: hasta que los criollos encabezaron su independencia de la monarquía española.

Esta unificación es el origen de nosotros los mexicanos, pero esta unificación se inició bajo la égida de los conquistadores que simplemente empezaron una nueva vida, unas nuevas relaciones sociales, y donde ellos son los que están siempre a la cabeza. Esta nueva sociedad que iniciaron ellos se desarrolló y las fases de nuestra historia no sólo nos muestra el aspecto político, sino también el desarrollo económico, y en él las relaciones de las personas dentro de la sociedad mexicana que siempre se ha venido desarrollando, y si éstas son difíciles de aprehender es precisamente porque nuestro pueblo nace de muy diversas raíces, unas oprimidas, otras no tanto y otras opresoras.

Esta complejidad se vulgariza cuando hablamos de pueblo, porque pueblo somos todos, pero dentro de este todo existen las clases sociales y una es la dominante y es ésta la que marca el camino, la ruta a seguir. Económicamente, hemos venido caminando en el desarrollo del capitalismo, pero si no vemos el camino “como lo describen en los libros”, es porque no somos europeos ni gringos, sino mexicanos y la sociedad mexicana empezó —tomando como inicio la conquista— con una subordinación a fortiori de todos los conquistados, y si tomamos como el inicio a la independencia, ésta no es más que la continuación del desarrollo económico que se venía haciendo, la clase dominante siguió siendo la misma, solamente cambiaron los actores, pero no las relaciones sociales de producción.

Así, en todo nuestro devenir, seguimos avanzando hacia el establecimiento pleno del capitalismo. En los momentos actuales, este desarrollo económico se ha frenado por el actuar facineroso de unos pocos que se dedicaron a saquear corrompiendo todo, entorpeciendo todo, poniendo —con su actuar— trabas para el desarrollo económico (si es que éste se puede lograr en el capitalismo), trayendo la generación y crecimiento de problemas que de por sí son engendrados por las relaciones económicas existentes en este modo de producción.

La única forma de seguir avanzando por la vía capitalista sin llegar a un cambio de las relaciones de producción, es decir, sin que haya revolución, es acabando la corrupción existente que va de la mano con la impunidad y con la no transparencia.

La reacción patológica a la cuarta transformación es sólo eso: virulencia fascista propia de canallas cortos de visión, pero llenos de estulticia que no les permite ver que sólo es una simple limpieza de la casa, que lo fundamental, lo que les permite la acumulación de capital y, por ende, el acrecentamiento de sus ganancias no es tocado.

caesluvi@gmail.com

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