17 julio 2019
El Popular

La Moviola

Glass: frágil… muy frágil

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / enero . 23, 2019.

En el 2000 el director de origen indio M. Night Shyamalan, después de sorprender al mundo con El sexto sentido (The Sixth Sense, EU, 1999), sorprendió ahora a los fanáticos de los cómics con El protegido (Unbreakable, EU) donde aborda la fantasía épica de los superhéroes con una interesante cercanía a la línea de la realidad, cuestionando con ello a los cómics, para llevar la idea de personas con poderes a otro campo. Diecinueve años después, y con Fragmentado (Split, EU, 2016) en medio del camino, cierra fatalmente la trilogía con Glass (EU, 2019) con el reparto original de cada una de las entregas anteriores.

David Dunn (Bruce Willis) quien descubre 19 años atrás, al ser el único sobreviviente a un desastre ferroviario, que posee una fuerza extraordinaria, no sufrir daño alguno además de poder acceder a la mente de las personas, es decir tiene superpoderes, ahora es un vigilante en Filadelfia con la ayuda de su hijo. Se enfrenta a un psicópata con personalidad múltiple que secuestra y asesina a jovencitas llamado La bestia (James McAvoy). Ambos son apresados y llevados a un hospital psiquiátrico donde también está internado Elijah Price autonombrado Mr Glass (Samuel L Jackson) quien posee una mente brillante pero una estructura ósea muy frágil. Los tres reciben terapia por parte de la doctora Staple (Sarah Paulson) para que comprendan que hay una gran diferencia entre la narrativa de los superhéroes mostrada en los cómics y la vida real, y con ellos curarlos de delirio de grandeza, un padecimiento mental. El tratamiento poco a poco avanza pero la mente brillante y malévola de Mr. Glass dará ese giro de tuerca que todos esperan.

Tanto El protegido como Fragmentado sorprendieron por sus finales, característica de los filmes de Shyamalan, que revelan eso que ha estado presente pero que el espectador no lo ve o no desea creerlo. En ambos filmes, pero con mayor claridad y fuerza en el primero, el director indio declara el exceso de fantasía que contienen los cómics que los aleja de ser una metáfora aplicable directamente a la realidad social, cultural y personal del mundo actual. Pero inteligentemente no rechaza la idea de que alguien pueda poseer habilidades que sobrepasen el promedio de la gente normal, pero no por ello serán superhéroes, sino personas con mayores problemas que los del promedio de la gente normal. Por lo tanto su camino a ser héroes o villanos será difícil, incomprendido, deprimente y solitario. Hasta aquí todo bien.

Sin embargo en Glass el guión deja mucho que desear, pierde la consistencia argumental de sus anteriores filmes y deja de profundizar en el tema para banizarlo y dejar esta cinta por debajo de las expectativas. En estos 19 años el tsunami cinematográfico de las franquicias de personajes basados en comics ha planteado en el consumidor expectativas muy altas y que, aterrizarlas a la línea de la realidad requiere de una mayor capacidad intelectual y narrativa. Tal vez el único caso que logra tal objetivo es el abordaje que hace Christopher Nolan en 2008 con El caballero de la noche (The Dark Knight, EU/RU) creando una cruda narrativa que cuestiona la figura de los superhéroes en el plano de la realidad.

Shyamalan, cuyo trabajo cada vez va en decadencia, requiere explorar nuevas formas de narrar la fantasía sin la espectacularidad de los efectos especiales, ni la espectacularización de la narrativa ni el uso de trampas argumentales. Usando simplemente una buena historia articulada con buen lenguaje cinematográfico. Ello para recuperar uno de sus temas centrales: la delgada línea que podría separar lo posible de lo imposible, la realidad de la fantasía.

Glass es, con esta debilidad argumental tras la renuncia al tema, exactamente eso: una película frágil que se quiebra fácilmente en cualquier parte y muy alejada de la inquebrantabilidad de sus primeros dos largometrajes internacionales. Glass es frágil… muy frágil.

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