17 julio 2019
El Popular

La Moviola

Perfectos desconocidos, imperfecta fonomímica

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / enero . 02, 2019.

Un remake cinematográfico tiene al menos dos propósitos: actualizar una historia cuya premisa resulta universal e intensa y/o enriquecer la premisa original desde una interpretación atrevida; de otro modo no tiene sentido volver a hacer una película. En Perfectos desconocidos (México, 2018) del malogrado director Manolo Caro no encontramos ninguno de esos propósitos. Especialmente porque las versiones anteriores se hicieron entre 2016 y 2017 en Italia, Francia y España y Caro no sólo no aporta nada al mediocre guión original, sino que además termina por destrozarlo.

Una noche de eclipse lunar un grupo de tres matrimonios cincuentones, amigos de juventud, se reúnen para cenar. Un sexto personaje se integra, pero sin su pareja actual. La charla llega al tema de la irrupción del celular en la vida de las personas y los secretos que puede esconder ese artefacto. Así que deciden entrarle a un juego peligroso para amenizar la velada: dejar el celular en la mesa y leer todo mensaje que llegue y hacer pública cualquier llamada que entre durante ese tiempo. Poco a poco el dispositivo va desenmascarando a cada personaje poniendo en entredicho sus relaciones que hasta ese momento, después de muchos años de existir, se creía estable. La noche podría ser la peor de cada una de las parejas… podría, solamente podría.

La idea de que todos tenemos secretos y de que en una relación sólida esos secretos deben ser revelados a cambio de una confianza mutua y plena basada en la verdad, ya ha sido abordada por dramaturgos, escritores y creadores. ¿Es la verdad lo que hace sólida una relación? ¿O acaso las mentiras piadosas crean mejores relaciones? ¿Es verdad que todos tenemos algo que esconder y que nos pertenece? ¿Qué pasaría si esos secretos son revelados? ¿Qué tan soportable es la verdad? ¿Qué tan real es la verdad? ¿Qué tan verdadera es la realidad? ¿Qué influye en la construcción de la realidad? ¿La luna influye en la construcción de la realidad?

Una serie de preguntas que Manolo Caro tuvo que plantearse antes de reescribir el guión para adaptarlo a México, pero que es evidente que no lo hizo. El guión no sólo deja a los personajes en la superficialidad que no genera empatía alguna en el espectador, sino que argumentalmente tiene muchas debilidades llegando a un final tan absurdo como gratuito. Si bien el guión original es mediocre y tal vez la versión española de Alex de la Iglesia se salve un poco, Caro no reparó siquiera en la mediocridad de ese guión. Pero no es de sorprenderse, pues todo su cine ha sido igual de trivial.

Un maquilador audiovisual como lo es Manolo Caro –llamarle cineasta sería demasiado- ni siquiera sigue el principio del guionismo comercial implantado por Hollywood que es definir el género de la historia a narrar. El género vende y por ello debe dejarse claro desde el inicio. En Perfectos desconocidos la música del inicio nos dice que estamos frente a un thriller; sin embargo, las situaciones se acercan a la comedia negra, las actuaciones a la telenovela, y el argumento al drama, pero en algunos momentos al melodrama desquiciado. En definitiva, no queda claro el género.

Con un guión basado sólo en diálogos como si fuese una telenovela, las actuaciones dejan mucho que desear por acartonadas, que nada aportan para dimensionar a los pobres personajes originales. La puesta en escena es bastante artificial, los actores no se apropiaron de los espacios y la decoración más bien parece teatral o digna de un museo, pero no de un hogar de una familia que lleva años viviendo ahí.

Aunque la factura es rescatable, la película no lo es. Así que no vale la pena gastar en una salida al cine para esto. Las versiones española y francesa están disponibles en Netflix, son empero, ante un guión mediocre y cobarde, poco recomendables. Hacer un remake requiere no sólo de habilidad maquiladora, requiere de capacidad de interpretar lo que ya existe para crear algo nuevo. Pero Manolo Caro es, como maquilador cinematográfico, como esos estudiantes de secundaria que hacen fonomímica imitando a su artista favorito desde el vacío para seguir vacíos, sin nada nuevo por crear. Por ello Perfectos desconocidos es una imperfecta fonomímica.

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