24 junio 2019
El Popular

La Moviola

Roma: excelsa

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / diciembre . 12, 2018.

Si habría que describir con una palabra al trabajo más reciente del mexicano Alfonso Cuarón, esa palabra sería excelsa. No solamente por la película en sí misma, sino que Roma (México/EU, 2018) rompe el paradigma oligopólico de la exhibición, un modelo de negocios que beneficia a los exhibidores, distribuidores y a la industria productora, pero no necesariamente al creador cinematográfico y al público. El estreno comercial será en la plataforma de Netflix dentro de unos días, pero se ha estrenado ya en pantalla grande en circuitos alternativos con una gran respuesta del espectador. Esto rompe por completo el modelo de negocios imperante y establece nuevas reglas, ahora democráticas, en la exhibición cinematográfica.

Cuarón nos narra la historia de Cleo (una espléndida Yalitza Aparicio) una joven de origen mixteco que en los inicios de la década de los setenta trabaja como nana para una familia de clase media alta en la colonia Roma de la Ciudad de México. Cleo debe de tener la casa limpia y en orden para que los cuatro hijos de la familia crezcan en armonía, protección y con cariño. Ello a pesar de que Cleo también busca eso para sí misma, y en los brazos de un hombre que pronto, como es el patrón de comportamiento del machismo, la abandonará con un embarazo de por medio. Paralelamente Sofía (Marina de Tavira) la madre de esa familia atraviesa por la ruptura de su matrimonio para tratar de construir una nueva realidad para sus hijos, una con la figura paterna ausente. Mientras ello ocurre en ese pequeño mundo, el otro mundo, el social controlado por la política, se tambalea a causa de la represión gubernamental. El futuro de los cuatro menores ha quedado bajo la responsabilidad de dos mujeres abandonadas por el egoísmo masculino y a merced de un régimen autoritario; pero será el amor por ellos que, como una incubadora, los protegerá de las ruinas de esa realidad, como lo hizo esa incubadora del hospital durante el temblor.

Tal y como aquéllas madres y nanas bordaban figuras con infinita paciencia y amorosa precisión en las fundas de las almohadas de sus hijos, mismas en las que descansaban los anhelos y enjugaban las lágrimas diarios de ellos, así Cuarón bordó los finos hilos de una cotidianidad, hoy extraña y ajena, para llevarnos a un viaje nostálgico y emotivamente profundo que, sin darnos cuenta, nos atrapa sin trampas ni falos recursos, sino con la verdad y la sinceridad de un verdadero artista en la simple piel de un ser humano.

El guion de Cuarón, con tonos a Fellini, De Sica y Truffaut, Cuarón se niega a llevar al extremo el paradigma dramático para construir una artificial narrativa de género. Con Roma madura esa apuesta y así, con una historia simple, pero compleja en su entramado, ha sido capaz de revelar las emociones más profundas en el espectador.

La fotografía en blanco y negro de Cuarón desnuda la realidad con una belleza paciente y latente. La composición presenta terceros planos donde la verdad del relato está presente sin que la narrativa del primer plano se percate de ello. Contrastes de sublime ejecución por la cámara.

El diseño de producción a cargo de Eugenio Caballero destaca por la manera tan precisa de reconstruir cada ambiente, desde las recámaras, su desorden y sus juguetes hasta la calle con la propaganda política tan presente y gastada como comenzaba a ser en la realidad.

El diseño sonoro al igual que la fotografía y el diseño de producción, reconstruyen los sonidos de la época, en la calle y en el interior. Un excelente trabajo por parte de Sergio Díaz.

El montaje y la edición del mismo Alfonso Cuarón con Adam Gough, sin pretensiones construyen una cotidianidad que es influida por el contexto, donde Cuarón cita sus influencias y a sí mismo con Children of Men (EU/RU/Japón, 2006) y Gravity (RU/EU, 2013).

Efrén Hernández expuso en alguno de sus ensayos estéticos, que el verdadero artista se despoja de sí mismo para, al exponer en su obra sus propias emociones y sus propios dolores se enlaza en su universalidad con el resto de los seres humanos. Al hablar de sí mismo en su esencia, lejos de construir un discurso egocéntrico, el artista se conecta con el resto de la humanidad con sus emociones nucleares y con su ser, y con ello logra la excelsitud. Es el espíritu que se manifiesta irremediablemente en cada cuadro, en cada sonido, en cada movimiento y en cada expresión en Roma para construir una obra genuinamente excelsa. Por ello, si habría que describir la película de Cuarón con una palabra, no queda otra que esa: EXCELSA.

Te puede interesar