22 mayo 2019
El Popular

Invitado

El otro comienzo

Por Camilo Estrada Luviano. / noviembre . 21, 2018.

Las elecciones del pasado mes de julio marcaron el inicio de una nueva etapa en la historia de México. Por primera vez, la mafia en el poder no pudo hacer fraude ante la tan copiosa afluencia de votantes que hubo ese primero de julio y las votaciones favorecieron al candidato de Morena. Pero no ganó Morena, sino la inconformidad generalizada ante el desastre en todos los aspectos de la vida del país.

Según el conteo, el triunfador de la contienda electoral fue Morena, pero ganó en el conteo, porque por AMLO votaron no sólo los de Morena, sino muchísima más gente que ante las opciones que se le daban (por la partidocracia existente), al no querer votar por la continuidad en sus diferentes versiones, decidieron votar a favor del cambio y así se llega al gobierno, pero no se toma el poder, siguen mandando los mismos de siempre, los poseedores de los medios de producción, la así llamada IP, y al gobierno llegó una nueva posibilidad política, pero no una clase distinta a la que detentabay sigue detentando el poder.

Por eso la cuarta transformación no es ninguna revolución, sino solamente una “renovación nacional”, es decir, hacer que el capitalismo funcione como debe funcionar, en otras palabras, el quitar todos los obstáculos que se oponen al desarrollo “normal” que dizque se puede generar en este modo de producción. Para eso se tiene que acabar con la corrupción que todo lo distorsiona.

Acabar con la corrupción es primordial, porque a causa de ella las leyes económicas se distorsionan y la acumulación de capital se dificulta, amén de que la obstaculiza para la gran mayoría de los empresarios, pero no para los no tan pequeños capitales; la corrupción sólo beneficia a muy pocos y la gran masa de los mexicanos tiene frente a sí la desesperanza por la imposibilidad de mejorar su futuro, los caminos están cerrados. Poner fin a la corrupción es fácil en las palabras, pero en los hechos no, porque la corrupción la hacen gentes de carne y hueso, que tienen nombre y apellidos.

Esta lucha contra la corrupción generará, obviamente, gran oposición; a ella, naturalmente, se oponen los directamente beneficiados y muchos de los involucrados, bien sea por acción u omisión, en actos corruptos. Esto es lógico y “natural”; dar lo que no es de quien lo da y además beneficiarse por ello es la cúspide de la corrupción y quienes participan en esto tienen obligadamente que oponerse a que esto cambie…, peor si esto se acaba.

Éste es el inicio del otro comienzo, del comienzo a la oposición contra la limpieza de las escaleras, y esta oposición estará encabezada por los directamente afectados por la lucha contra la corrupción que son los que verdaderamente tienen el poder: el poder económico, aunque el así llamado poder político esté en manos distintas, manos que podrán subordinar si es que los que votaron para que ellos fueran los electos los dejan luchando solos. AMLO no es mesías ni cayó del cielo, sino que logró aglutinar a todos los que deseamos un cambio.

El así llamado poder político deja mucho margen de acción, pero esta acción irá en favor de quienes empujen más y empujar puede ser en un sentido o en el otro, o a favor o en contra de la lucha contra la corrupción, que no significa revolución, sino simplemente hacer que el capitalismo funcione “como dios manda”.

La oposición a la cuarta transformación no traerá ninguna mejoría en la vida de la población. Las mismas leyes del capitalismo nos llevarán, con el tiempo, a lo que ahora se pretende cambiar y el empecinamiento de los dueños del capital —y de los que coincidan con ellos— a ese cambio es estéril.

caesluvi@gmail.com

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