17 julio 2019
El Popular

La Moviola

Bayoneta: trabajo en progreso

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / noviembre . 14, 2018.

El cine mexicano atraviesa por una prolífica etapa que ha logrado una oferta constante en la cartelera durante este año. Sin embargo la mayor parte de esta oferta está integrada por comedia simplona de corte comercial, así que la llegada de películas que buscan algo serio llama la atención. Este es el caso de Bayoneta (México/Finlandia, 2018), el segundo largometraje del director mexicano Kyzza Terrazas (Nairobi, 1977) protagonizado por Luis Gerardo Méndez. Un filme sobre el box, la migración y el fracaso.

A raíz de un gran tropiezo profesional, el prometedor boxeador tijuanense Miguel Bayoneta Galindez (Luis Gerardo Méndez) se refugia en la oscura y fría soledad finlandesa como ayudante de Dennis (Brontis Jodorowsky) su entrenador y compañero de fracaso. La rutina de los oscuros días en Finlandia hace aún más fuerte la soledad del ahora migrante mexicano que ha renunciado a su familia, a su cultura y hasta a su sol. De lo que no ha renunciado, y es lo único que lo mantiene vivo, es al box. Una crisis en el gimnasio finlandés donde trabaja le lleva de nuevo al ring y con ello retorna la esperanza de ser quien alguna vez fue. Pero eso es sólo una llamarada de petate, pues la fuerza del destino lo mantendrá en la oscuridad, en el frío y en la soledad al igual que el reno que Bayoneta avista ocasionalmente.

Después de varios intentos por dejar atrás al personaje que lo llevara a la fama por la película Nosotros los nobles (Gary Alazraki, México, 2013) y que repitió en otras cintas y hasta en series de televisión streaming, Luis Gerardo Méndez por fin encuentra el proyecto ideal muy alejado de aquél personaje. La construcción de Bayoneta, este boxeador fracasado, que permite a Méndez como a Terrazas hacer una reflexión sobre la naturaleza vital de la esperanza, fue más allá del entrenamiento boxístico necesario para una buena interpretación. Puede percibirse, y sentirse, el trabajo de interiorización del personaje que apunta a ese trabajo histriónico que el espectador desea experimentar de todo buen actor y olvidarse de Luis Gerardo Méndez para estar con Miguel Bayoneta Galindez. Las pausas que Méndez se toma entre cada línea anglófonas durante las escenas de la cotidianidad finlandesa muestran a ese personaje atribulado y confundido que aún espera recuperar su sueño, pero que la realidad y el destino se lo niegan. Es en esas pausas donde podemos encontrar la escuela de Al Pacino y Robert de Niro pero que es aún trabajo en progreso, pues cuando las líneas son en español, Méndez no puede evitar ser él mismo… ser Javi Noble.

Por su lado Terrazas muestra a un migrante mexicano en tierras tan gélidas como la realidad interna de Bayoneta que parece, paradójicamente, vive en el infierno y no en una nueva realidad camino al cielo, tal y como es la esperanza que motiva al migrante a dejar todo atrás. Terrazas trata de delinear una película interiorista y el contexto escandinavo lo permite, pero también no puede evitar las fórmulas de las cintas de boxeo así como la referencia al cine nórdico como se revela en la secuencia final, o en las escenas de la parada de autobuses y en los recorridos.

La soledad por el fracaso es un tormento, el aislamiento por cobardía lo es también, y huir no aleja el tormento ya que siempre será compañía, pues tal está en el alma de uno. Finlandia está lejos de México y de su cálida luz, pero el hedor del fracaso está en todos lados que Bayoneta vaya, sólo el box podrá alejarle de ese hedor, sin darse cuenta que el box es el hedor mismo. Y sin embargo es lo único que Bayoneta sabe hacer.

Presentada en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia celebrado este octubre, con Bayoneta Terrazas intenta mostrar el conflicto entre deseo y destino, un conflicto de orden nietzscheano, y casi logra dejar en el espectador esa impronta que el buen cine provoca. De esta manera, tanto para Méndez como para Terrazas, el trabajo hacia un cine maduro, reflexivo y artístico podría decirse que aún está en construcción, pero que va por buen camino. Es un trabajo en progreso.

Te puede interesar