26 mayo 2019
El Popular

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Temporada de lluvias

Por Laura ÁLVAREZ. / octubre . 31, 2018.

Fui una mamá con depresión posparto durante ocho largos meses; sin embargo, desde ese oscuro sitio comprendí algunas cosas. Una de ellas es que las familias no deberían criar a sus hijos en solitario. En esos días recibí la hermosa visita de mi querida amiga Lluvia. Desde su aguerrido corazón, me dejó claro que, aunque estemos lejos, siempre me acompaña. Es una Lluvia que lucha, escucha, y si estuviera cerquita, haría comunidad familiar con nosotros.

Dos años después, tenemos la fortuna de vivir la historia de dos perras solidarias y amorosas: Brisa y su hija. Al quedar preñada por segunda ocasión, a Brisa se le veía triste; vagaba por el cerro y no aceptaba comida. A su lado, siempre estaba su hija. Al nacer sus seis perritos, Brisa adelgazó hasta los huesos; se veía agotada.

Cuando los cachorros empezaron a caminar, por alguna razón Brisa los trajo a vivir frente a nuestra casa. Desde la ventana veía como les daba de comer mientras su hija daba vueltas por el cerro y regresaba con comida para ambas.

Una tarde quise acercarme a Brisa para alimentarla. Entre la maleza salió su hija, me ladraba enfurecida defendiendo a su manada. Brisa se levantó y se dejó acariciar. Poco a poco la hija se fue acostumbrando a nuestra presencia.

Decidí llamarle Lluvia a la pequeña hija porque es fuerte, decidida, aguerrida, y lucha por su familia contra todo. No tiene miedo a otros perros, no teme enfrentarse a los humanos. Es amorosa, respetuosa, solidaria, y un gran apoyo para Brisa, tierna y juguetona con sus hermanos. Igual que mi querida Lluvia humana.

Gracias a Sherlyn, que también cuidó y alimentó a la pequeña familia, todos se recuperaron y cuatro pequeños ya fueron adoptados. La noche que se fue el último cachorro, vi a Brisa llorar y caminar desesperada buscando a sus hijos. Fue hermoso y triste ver cómo Lluvia brincaba a su lado, con el hocico cargaba a los dos cachorros que quedaron y se los llevaba a su madre para consolarla.

Han pasado los días y se quedaron a vivir frente a nuestra casa. Una noche nos trajeron, como ofrenda de gratitud, una tuza que recién habían cazado. Ahora cuidamos de ellas y ellas de nosotros.

De estas hermosas perras he aprendido que puedo ser una mejor madre en comunidad. Siempre es mejor sentirse apoyada y acompañada por otra madre, una hermana, un compañero, otras familias. Deseo que todas las mujeres que son madres, que todas las familias, tengan una Lluvia solidaria en sus vidas para que nos sea más sencilla, menos solitaria la crianza de nuestros hijos.

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