21 mayo 2019
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La Moviola

Museo: motivos invisibles

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / octubre . 31, 2018.

Todo crimen tiene un motivo, un móvil dicen los expertos en la materia. En la nochebuena de 1985, el año del terremoto, un par de estudiantes fósiles cometieron el llamado “robo del siglo” al Museo Nacional de Antropología, sustrayendo más de cien invaluables piezas mesoamericanas pertenecientes al legado cultural y artístico de los mexicanos. En 1989 la mayor parte de las piezas robadas se recuperaron y uno de los ladrones fue detenido. Pese a ello y al tiempo transcurrido desde entonces, nadie sabe el móvil de este robo. Basado en este hecho, Alonso Ruiz Palacios nos presenta Museo (México, 2018) con Gael García Bernal en el rol principal.

Juan (Gael García Bernal) es un estudiante de veterinaria, de esos que se llaman “fósiles” por el tiempo tan prolongado que se toman en terminar su carrera. Además vive con sus padres, quienes comienzan a considerarle una carga. Su familia, que vive en Ciudad Satélite, pertenece a esa clase media mexicana que carece de una identidad clara, en la que subyace una tensión permanente y posee aspiraciones burguesas, y sin embargo sigue unida. La nochebuena de 1985 Juan y su compañero, otro fósil de veterinaria, Wilson (Leonardo Ortizgris) entran fácilmente al Museo Nacional de Antropología para robarse más de cien piezas. La odisea de querer vender las piezas los lleva a Palenque y a Acapulco, pero es claro que la magnitud del robo y sus repercusiones internacionales hacen invendibles esas piezas. Así que Juan y Wilson no tienen otra que regresar a donde todo inició sin saber la verdadera razón de su acto.

Ruiz Palacios mostró en su ópera prima Güeros (México, 2014) dominio del road movie a partir de situaciones cotidianas pero que en el fondo son extraordinarias. La odisea de los verdaderos ladrones del Museo Nacional de Antropología es tomada como pretexto para crear un road movie a partir del drama cotidiano de la clase media que a mediados de los ochenta del siglo XX comenzaría su declive óntico con la llegada arrasadora del neoliberalismo. El año de 1985 marcó este inicio.

Al igual que en Güeros, Ruiz Palacios recupera en Museo algunos productos de la cultura mediática de ese tiempo como la película La vida difícil de una mujer fácil (José María Fernández Unsáin, México, 1979) y la figura icónica de la vedette, que además una de ellas en la vida real, la Princesa Yamal, estuvo involucrada en el caso. No es nostalgia, es tratar de buscar un equivalente simbólico que represente a la sociedad mexicana de los ochentas. Es arqueología del presente con la metáfora de las piezas robadas del Museo, cuyo incalculable valor radica precisamente en que simbolizan cultural y estéticamente a los mayas, mexicas y zapotecas.

La secuencia del robo es impecable en su montaje y en su diseño sonoro, con acciones suspendidas por poses, como si se tratasen de advocaciones de la genialidad fugaz de un par de tontos e inocentes ladrones. Lo mismo ocurre en la secuencia de la noche en Palenque, que manifiesta un momento reflexivo de corte filosófico. La fotografía es notable, sin embargo a momentos parece que quiere estar por encima de la historia misma, pero en la medida que la película avanza, la fotografía se integra a la obra. El diseño sonoro por su parte, logra ser parte de la narrativa, aunque también con tentaciones de querer existir más allá de la obra.

Esta batalla de egos entre la imagen y el sonido con la narrativa ya se manifestó en Güeros, dando una sensación de cierta soberbia creadora que se aleja del ser en la creación. Sin embargo, en Museo, Ruiz Palacios contuvo estas tentaciones logrando una pieza casi madura pero sólida, aunque aún lejana en la construcción de una obra franca. Ello le valió el Oso de Plata al mejor guión en la edición de este año de la Berlinale.

Esta película sí tiene un motivo para existir y ello la sostiene, algo diferente a los ladrones del museo, de quienes nunca sabremos los motivos de su acto. Un acto visible a motivos invisibles.

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