20 noviembre 2018
El Popular

Almadraba

Debajo de la cama II

Por Acsel REYES. / octubre . 19, 2018.

Morrisey. Uno de los idiotas más talentosos que conozco. Quizá, un genio. Un cantautor resentido con la vida por su fracaso poético y admirador de sí mismo. Un convencido de que el mundo, no lo merece. Estoy ansioso por su concierto en la ciudad de México (2018), sólo espero no diga una sola palabra y se dedique a cantar. A menudo los hombres incapaces de conversan ceden la palabra a la música e ignoran el potenciador sentimental y popular que conlleva combinar el lenguaje y el sonido.

John Fante. Sin piernas y ciego, tuvo un final trágico. La diabetes, lo consumió. Sin embargo, murió tranquilamente en compañía de Joyce –su gran amor–, poco después de haber terminado de narrarle su última obra, mientras ella escribía sobre el papel. Un escritor que renunció en gran medida a su carrera literaria por sacar adelante a su esposa e hijos. En resumen, un talento que no conoció la fama, un descubrimiento para todo joven lector, y lo más importante: un hombre de verdad.

Antón Chéjov. La correspondencia entre Antón Pávlovich y Chéjov, representa uno de los ejemplos más genuinos de humildad y de la relación intrínseca entre la belleza literaria y el potenciador vital. Simplemente una carta de agradecimiento entre un lector y un escritor que queda en la posteridad y que justifica el oficio por sí solo.

Juan Rulfo. La obra de Rulfo no se podría entender sin sus experiencias propias. Creo un lenguaje propio y le dio voz a todo un sector social marginado debido a las experiencias laborales que tuvo desde temprana edad. El amor por su mujer potenció su obra a lo social.

Montainge. Todos tenemos toda una vida para arrepentirnos y ni siquiera el mejor ensayista para muchos críticos escapo de ella. En una torre, Montagine escribió su obra y aseguraba que la filosofía era el medio por el cual los hombres podían soportar la idea de la muerte. Sin embargo, antes de su partida, –al igual que lo hicieran otros filósofos como Witgenstein– escribió que realmente la labor de las humanidades es el de dotar al ser humano de leyes y preceptos para aprender a vivir.

Rousseau: El autor del contrato social y de la educación civil fue uno de los escritores más alejados a su obra. Como persona era desconfiado y llevo a sus hijos al hospicio. En sus múltiples encuentros y desencuentros con Teresa –su eterna compañera–, escribió: "Desde el momento en que yo no soy todo para Teresa, ella deja de ser algo para mí".

¿A qué quiero llegar con todo esto? A ningún lado, la escritura no tiene por qué tener mensaje ni moraleja, sin embargo, me rebelo ante ello y les recomiendo a los lectores que separen la vida y la obra de las personas. Ambas merecen atención. Pero solamente la coherencia de acción y pensamiento merece nuestra admiración y para ello, requerimos pruebas de autenticidad. ¿Qué clase de hombres y mujeres fueron?

Lo anterior, resultara imposible sino comenzamos con nosotros mismos y somos capaces de levantarnos todas las mañanas como el juez principal de nuestra libertad y nuestros actos.

 

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