12 diciembre 2018
El Popular

El guajolote que lee

Quisiera ser John Fante de Daniel Herrera

Por Óscar ALARCÓN. / septiembre . 21, 2018.

Con estilo desenfadado y cercano a la picaresca, Daniel Herrera nos presenta a su alter ego Daniel Hernández, joven de 21 años que pretende convertirse en la siguiente gloria de la república mexicana de las letras.

Este alter ego se forma en la línea de los escritores sucios. No del realismo sucio al estilo John Fante –precursor del dirty realism— sino como ya alguna vez Anónimo Hernández —aka Mauricio Bares— lo describiera en su libro Apuntes de un escritor malo. Estamos frente a un escritor que vive en un cuartucho en la ciudad de Torreón, que casi no se baña pues los servicios del baño son compartidos por todos los que viven en su vecindad, mientras holgazanea espera que del cielo le caiga la inspiración para escribir su segundo gran cuento, con lo que saldrá de pobre, mientras observa a las cucarachas regresar a su escondite.

Es en el amor en donde se encuentra la salvación para la escritura de Daniel Hernández y no en las vivencias al estilo Bukowski, donde el alcohol y la abundancia de encuentros sexuales marcan el ritmo de sus libros. El escenario no podría haber sido mejor, pues el amor puede estar a la vuelta de la esquina, incluso mientras ocurre una balacera en Torreón.

Guarecido debajo de un auto, Daniel Hernández, se acerca a una chica que le ha hecho despertar al erotismo para preguntarle su nombre mientras una lluvia de balas ocurre allá afuera: “¿Acaso crees que este es el momento para platicar?”, le cuestiona ella a Hernández. Envalentonado con el espíritu de sus héroes literarios —Hemingway, Hunter S Thompson, Chester Himes— invita a salir a Samantha, la chica que llora mientras las AK47 siguen sonando y sólo enmudecen gracias a la pequeña risa que le prodiga al héroe.

Es el comienzo del descenso al infierno para Daniel Hernández pues con el noviazgo vienen las peleas y la exigencia para que él un escritor sucio— tenga un empleo. Y para un escritor, cuando no está tecleando, la vía de la salvación es un lugar común: dar clases de literatura. El salón se convertirá en un auditorio de 15 pares de oídos que prestarán atención a las narraciones y a las hipérboles de su profesor quien ha encontrado no sólo a sus escuchas perfectos –los alumnos prefieren escucharlo que tener clase así que lo dejan que les cuente sus aventuras– sino que se encontrará por segunda vez al amor. Esta vez en forma de una Lolita de 16 años.

Guiños a la corrupción, a la impunidad en muchas escuelas, al mundo de las drogas nos hacen preguntarnos continuamente si en verdad no ocurre nada en este país. La historia de Daniel Hernández pone de manifiesto la intención de un escritor por publicar sin hacerlo, vivir de la aparición de un cuento en una revista de alcance local y la posibilidad de decirle sus verdades al mundo porque para eso se es escritor, ¿no? De manera lógica nada de esto ocurre en la novela.

Una novela divertida, un libro muy Moho perdone el lector guajolotero el eufemismo— escrita con mucha energía que nos hace soñar pues de una u otra forma, todos aquellos que escriben, quizá alguna vez quisieron ser John Fante, en Torreón.

 

Daniel Herrera, Quisiera ser John Fante, Moho, México 2015.

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