22 mayo 2019
El Popular

Invitado

La revolución pacífica y otros dislates

Por Camilo Estrada Luviano. / septiembre . 19, 2018.

Picando piedra (Parte 4)

Para “acabar con la corrupción” se tenía obligadamente que tomar el poder y de inmediato se habla de que el día 1 de julio, al obtener el triunfo electoral, se tomó, sin violencia, el poder e incluso, se dice que iniciamos una revolución pacífica y otros dislates más. Todas estas afirmaciones fueron y son hechas por esos individuos que pomposamente se autoproclamen como “la clase política” —muchos de los cuales fueron elegidos para ser autoridades municipales o estatales, diputados o senadores—, y son y fueron hechas incluso hasta por dirigentes de Morena.

Para aquellos que lograrán el hueso de su vida y para muchos otros, quizá sí se hizo una revolución pacífica, pero eso de que tomaron el poder es un sueño nada más, porque el poder como concepto puede tener muchos significados, pero socialmente hablando el poder lo detentan solamente aquellos que son propietarios de los medios de producción, que se apropian siempre de trabajo no pagado, trabajo que realizan los que no tienen otra cosa que vender que solamente su capacidad de trabajar y que venden esa capacidad para poder subsistir.

Los propietarios de los medios de producción —al tener empresas— son los que aparentemente producen, pero sólo aparencialmente, porque lo que se produce, aquello que garantiza la existencia y la continuación de la vida y no sólo es subjetivo, es trabajo y éste lo realizan los trabajadores, no los propietarios de los medios de producción. La propiedad sobre los medios de producción es algo que surge y se impone en el devenir de la sociedad, no es algo perpetuo ni intocable.

En nuestro México, y en casi todo el mundo, tenemos mucha gente que produce y que no vende su fuerza de trabajo —su capacidad de trabajar—, y muchos otros que —aunque tengan medios de producción— por una u otra razón se ven obligados a vender su fuerza de trabajo. Ante tal complejidad de la sociedad lo más fácil y lo más vulgar es manosear conceptos y dar gato por liebre.

Así, se dice que se tomó el poder cuando lo único que se ha logrado es llegar al gobierno. Gobierno es una cosa y el poder es otra, el tener el gobierno no es tener el poder; el poder lo tienen los grandes capitalistas, ellos son los que realmente mandan y el gobierno tiene que obedecer, pero el ser gobierno da ciertas ventajas que crean la ilusión de que se tiene el poder. Estas ventajas son aquellas que garantizarán que las ganancias se acrecienten de una manera constante y sin muchas dificultades, y para esto se tiene el rejuego político para que, logrando esto, se puedan crear ciertas condiciones que signifiquen un mejoramiento en el vivir de la gente. En este rejuego político está, entre muchas cosas más, el “acabar con la corrupción”.

El garantizar la posibilidad de obtener ganancias y la garantía de que éstas aumenten “sin corrupción” y “en bien de las mayorías” es la razón real del porqué ciertas gentes, con intereses por lo menos discutibles, pueden dirigir ciertas cosas que “benefician al pueblo”, porque en el capitalismo esto es posible siempre y cuando no deje de haber ganancias para los capitalistas-llámense patrones o empresarios u hombres de negocios-, y éstas son el trabajo que no se le paga a los trabajadores. Las ganancias no puede ser otra cosa, porque de algún lado tienen que salir y, por supuesto, no caen del cielo.

Sin cambiar nada esencial siempre es posible que sean primero los pobres, y así entramos al país donde unos cuantos amorosos (y muchos que esperan a ver qué les cae) dirijan al sistema a su limpieza, y de estos se abrazan muy bien los de la “clase política”.

caesluvi@gmail.com

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