19 mayo 2019
El Popular

La Moviola

El día de la unión: tímido terremoto.

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / septiembre . 19, 2018.

En la década de los 70 del siglo pasado las películas de desastres fueron populares. En ellas se hizo apología del espíritu humano y su capacidad para sobrevivir pese a grandes adversidades. Con el tiempo, al volverse predecible este tipo de cine, casi desapareció; solamente se realizaron algunas con referencia a tragedias reales como el 11-S norteamericano, cuya apología ahora giró en torno al nacionalismo. Siguiendo esa línea y en su segunda intervención como director, el actor Kuno Becker recrea el terremoto del 19 de septiembre de 1985 en El día de la unión (México, 2018) con la misma intención apologética pero con tímidos resultados.

En la Ciudad de México al inicio de la mañana del jueves 19 de septiembre de 1985, Max (Kuno Becker), un periodista divorciado, tiene la oportunidad de pasar un pequeño tiempo con Tico (Ramiro Cid), su hijo de unos 11 años. Los dos se irán de pinta, pero antes Max pasa a Notimex, su lugar de trabajo, para entregar un material, dejando a Tico en el estacionamiento del sótano. Son las 7:19 de la mañana de ese trágico día. Por otro lado, Javier (Armando Hernández), un taxista viudo, ha dejado una pasajera en el hotel Regis a esa misma hora. El terremoto lo cambia todo. En medio de la confusión, Max y Javier se unen para internarse en los escombros del edificio de Notimex para rescatar a Tico. Y así como ellos, muchos ciudadanos sin conocimiento de primeros auxilios ni de técnicas de rescate se unirán para sacar de esas ruinas a toda persona, vida o muerta. Fue el día que la sociedad civil rebasó a todo gobierno con su solidaridad humana. Fue el día que nacieron los Topos.

Si bien son nobles las intenciones de Becker al recrear esa jornada que marcó la historia contemporánea de México, y que la naturaleza nos revivió 32 años después en la misma fecha, su película no logra “cuajar” del todo.

El guión no pudo resolver la historia coral que implica el cine de desastre, pues presenta una serie de clichés propios de este tipo de cine, lo que le hace predecible. Los personajes no están desarrollados con la profundidad necesaria para hacerlos entrañables y con ello recuperar la dimensión humana de la tragedia. Becker introduce una subtrama de corte político, pero debido al tono melodramático, se queda en una inconclusa idea de corrupción a manos de un hombre. La música, para completar esto la refuerza ese tono lo que no ayuda en nada a la idea manifiesta de esta cinta.

Lo que no hace Becker al reconocer el trabajo heroico de los Topos y la solidaridad del ciudadano común, fenómeno que volvimos a experimentar en 2017, es reflexionar su génesis en la tardía y torpe respuesta del gobierno de Miguel de la Madrid, entonces Presidente de la República, así como de las autoridades locales. Fue esa ineptitud lo que intervino en el cambio de la balanza política del país. Por ello la figura de los Topos adquirió un sentido simbólico en el imaginario colectivo.

Quizá por ser políticamente correcto, quizá por timidez, quizá por falta de colmillo cinematográfico, el hecho es que esta película no logra conectar del todo con el público especialmente con las nuevas generaciones que han vivido su propio terremoto en solidaridad con la generación del 85. A El día de la unión le faltó reflexionar a profundidad lo que nos ha unido en situaciones trágicas. En este sentido es una película tímida, es un tímido terremoto.

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