25 septiembre 2018
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La Moviola

A la deriva: destino y supervivencia

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / julio . 25, 2018.

Las historias de supervivencia siempre son atractivas pues, además ser motivadoras, muestran cuán grande puede ser el espíritu humano cuando se trata de luchar frontalmente ante la posibilidad de morir. Tal es el caso, basado en hechos reales, que el director islandés Baltasar Kormákurnos narra en su película A la deriva (Adrift, EU/Hong Kong/Islandia, 2018) sobre la aventura que viviera una joven norteamericana cuando quedó a la deriva en medio de la inmensidad del mar.

Basado en el libro Sky in Mourning: The True Story of Love, Loss, and Survival at Sea donde la verdadera TamiAshcraft narra la odisea de supervivencia que vivió en 1983 en mediodel Océano Pacífico por más de 40 días. Tami (ShaileneWoodley) es una joven viajera norteamericana sin destino que en Tahití conoce y se enamora de Richard (Sam Claflin) un navegante inglés experto que ha anclado por unos días en ese lugar. El destino los hace zarpar juntos para llevar un velero a través del Océano hacia el puerto de San Diego, sin embargo el mismo destino los hace enfrentarse a un terrible huracán y zozobrar. Con una embarcación muy dañada, Tami queda a la deriva, y sólo la compañía de Richard y el amor que los une permiten que después de estar a la deriva por más de seis semanas, y con pequeñas grandes acciones de supervivencia, logre ser rescatada.

El estoicismo, esa corriente filosófica de la Grecia clásica, planteaban que el destino es inamovible y que debe ser enfrentado con la valentía de la renuncia a los bienes materiales y la contemplación del destino mismo. Sólo de esa manera se logrará la trascendencia. Baltasar Kormákur parece que al recuperar e interpretar la odisea de TamiAshcraft también recupera la esencia de los estoicos, pues el elemento destino en la figura de una serie de coincidencias con significado que se entretejieron para que ella terminase a la deriva en medio del gran océano es trabajado como argumento central de la película. La pareja entonces valora los pequeños detalles de la vida pues el destino les ha arrebatado casi todo lo material, ahí no cuenta posición económica, ni posturas ideológicas o si se es vegetariano.

Se trata de no morir y con ello valorar la vida en su esencia aceptando el destino mismo, y eso incluye aprender a no morir. Con ello, el islandés enlaza temáticamente la relación del amor con la vida y por lo tanto el motivo para luchar contra la muerte. Sin embargo la falta de fuerza narrativa hace que esta cinta no sea lo suficientemente inspiradora para reconocer cabalmente y con admiración la lucha de Tami.

Bien adaptada la historia del libro a los tiempos cinematográficos, Kormákur establece con montaje paralelo las historias de amor y de supervivencia para mostrar tanto el elemento destino como el estoicismo, para aceptarle y enfrentarle. En ese sentido el trabajo tiene una buena factura que muestra la experiencia de director. Lo mismo puede decirse de la dirección, que desarrolla de forma paulatina y sostenida a los personajes para develar la fuerza de la mente para el enfrentamiento del destino en aras de sobrevivir y de amar.

Una cinta que, a pesar del tema y de que está basado en acontecimientos reales, no despierta la suficiente pasión para introyectar el tema en uno mismo. Tal vez, y sólo tal vez, también esa película está navegando a la deriva en la inmensidad del océano cinematográfico.

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