26 junio 2019
El Popular

Psicología y Esperanza

No conocía a mi hijo

Por Mónica CANO. / julio . 24, 2018.

Son contados los pacientes de la fundación que llegan a consulta con la fortaleza suficiente para sobrellevar la enfermedad que están viviendo de manera apropiada, pero son los que más lecciones nos dejan.

La primera vez que llegó Manuel a consulta conmigo, ni siquiera pudo ir a mi oficina, bajé a verlo a la sala de quimioterapia porque se encontraba muy mal de salud. Ya llevaba varios meses en tratamiento, Manuel estaba en la universidad cuando fue diagnosticado, tuvo que interrumpir sus estudios y entrar a tratamiento enseguida. A pesar de todo, se le veía alegre, sonriente, cansado, pero con ganas de seguir luchando, volver a estudiar y dar clases. Además de eso, era evidente el gran amor que le tenía a sus padres, se le iluminaba la mirada con sólo mencionarlos.

En consultas posteriores a pesar de su estado, nunca perdió su sonrisa, pero me llamó mucho la atención que tampoco cuestionaba su enfermedad, mencionó que ya que le había tocado enfermarse, iba a tomar lo que tuviera que aprender de ello y que seguiría hacia adelante.

Pasaron las semanas y Manuel, siguió empeorando. Pasado un mes ocurrió lo inevitable,  Manuel muy cansado y desgastado pudo reposar al fin. Posteriormente, sus padres llegaron a darnos las gracias y a pesar de su dolor y su tristeza, tenían una satisfacción impresionante, “no conocía a mi hijo” me dijo su madre, era una persona tan bondadosa y amable, al grado de que mucha gente desconocida llegó al velorio a despedirse y le contaron muchas anécdotas muy bonitas con Manuel de las que ellos no tenían idea.

Éstas son las enseñanzas que tenemos por compartir todos los días en Una Nueva Esperanza, tal como mencioné en un inicio, no es fácil afrontar una enfermedad como el cáncer, pero cuando una serie de factores positivos se combinan, sobre todo una familia estable, comunicativa y con mucho amor, se puede sacar a relucir lo mejor de las personas a pesar de su condición. Así mismo, nosotros tenemos mucho que aprender de ellas. Ese día me sentí triste por Manuel, pero al mismo tiempo pude sentir la misma satisfacción de sus padres, siendo esas enseñanzas los motores que nos impulsan día a día a hacer nuestro trabajo. No todas las historias tienen un final feliz, pero si mucha tranquilidad y paz como la de Manuel.

En Una Nueva Esperanza, asociación para niños con cáncer velamos por el bienestar psicológico y emocional, súmate donando a esta noble causa.

*Psicóloga de Una Nueva Esperanza

Te puede interesar