22 septiembre 2018
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La Moviola

Un final feliz: La eutanasia de la burguesía

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / julio . 11, 2018.

Después de seis años de su laureada y bella película Amour (Austria/Francia/Alemania, 2012), el notable director alemán Michael Haneke regresa a la cartelera poblana con un filme de irónico título:Un final feliz (HappyEnd, Francia/Austria /Alemania, 2017), una ácida mirada al patetismo de la burguesía.

EveLaurent(FantineHarduin) a sus doce años experimenta la frialdad, el resentimiento y el desamor que su familia practica como una forma de vivir. Tras de enviar a su propia madre al hospital en estado de coma, Eve debe vivir ahora con en la casa familiar de ThomasLaurent (MathieuKassovitz), su padre quien, divorciado y vuelto a casar, vive con su hermana, su sobrino y su propio padre, además de su propia familia. Eve poco a poco descubrirá que su propia familia paterna, es una familia disfuncional pese a ser ante la sociedad una familia burguesa adinerada que maneja una importante constructora. Eve descubrirá que cada miembro de su familia esconde secretos, y que eso que la sociedad mira es tan sólo una hipócrita apariencia. Descubrirá que el desamor y la mentira es la esencia de la familiaLaurent.

Con una ácida mirada,Haneke retrata a la burguesía contemporánea que no ha cambiado en esencia desde su origen. La hipocresía es lo que otorga sentido a ser a la familia burguesa, misma que, lejos de presentar una cara falsa ante la sociedad, también lo hace hacia el interior de la propia familia. Cada personaje tiene una doble vida… una doble moral; pero son esas apariencias de éxito y glamour los que deben privar. Los secretos, lo oscuro, no son confesados y mucho menos compartidos con nadie, con absolutamente nadie. La decencia de la clase media y alta, es decir del pequeño burgués y del burgués, es tan sólo una apariencia que despoja a quienes lo experimentan de un verdadero sentido de vida y lo aleja de su humanidad.

El director alemán, con un manejo notable de la cotidianidad en su narrativa que recupera a la NouvelleVage, nos introduce en las patéticas entrañas de esa familia burguesa que, como suponemos, es una de tantas. Un humor ácido, con sarcasmo e ironía, se adiciona en esta disección para decirnos que el tema aún es inconcluso. A pesar de los notables ensayos sobre la burguesía de grandes directores como Luis Buñuel en cintas como El ángel exterminador(México, 1962) o El discreto encanto de la burguesía (Le charme discret de la bourgeoisie, Francia, 1972) entre otras, Michael Haneke pone nuevamente el tema sobre la mesa para recordar que aún queda mucho por revisar, por develar y por reír lastimosamente.

Para lograr una doble vida exitosa, la apariencia es imprescindible para la burguesía, y para ello precisa de escenografías. La boda de la familia Laurent que se muestra en la secuencia final de la película se mira falsa en su escenografía, haciendo evidente el uso de recursos como la pantalla verde y la iluminación evidentemente artificial. Es decir, Haneke hace patente con la estética visual de esta secuencia, la hipocresía de la burguesía.

Y como telón de fondo a esta escenografía Haneke nos presenta el drama de la migración africana y medio oriental hacia Europa, que ante los ojos deshumanizados de esa burguesía, son tan sólo personas para el servicio doméstico y tal vez, sólo tal vez, los mejores ejecutores de una especie de innecesaria pero desesperada eutanasia: la eutanasia de la burguesía.

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