18 julio 2019
El Popular

Stalingrado

México: país tóxico XI

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / junio . 30, 2018.

 

El motor de la historia es la lucha de clases.

Carlos Marx

 

El neoliberalismo cunde como mangosta que devora todo a su paso, dejando un páramo sin posibilidades inmediatas a pueblos enteros de capacidad de una vida digna, empobrecidos y sin derechos constitucionales, porque se fijan caminos de un supuesto desarrollo económico, sí, para una casta divina, no para las masas.

Mientras las reformas estructurales neoliberales fracasaron en todo el mundo, los neoliberales en México finalmente lograron una sociedad atemorizada y un consenso político para imponer un paquete de reformas que hundirá al país los próximos 30 años, porque polarizará socialmente, reconcentrará todavía más la riqueza y agravará la pobreza.

En 1983 se establece el primer programa de “ajuste estructural”, en que el FMI y el Banco Mundial determinan el tipo de presión que aplicarán para que los países tengan acceso a sus paquetes de ayuda. Para 1989, la Escuela de Chicago ya se había apoderado de la conducción de estas instituciones dándole forma al Consenso de Washington, que incluía privatización de empresas públicas, abolición de barreras para la entrada de empresas extranjeras, desregulación, libre comercio y recortes al gasto público. En México, en 1988, por medio del fraude electoral se consolida en el poder un grupo abiertamente comprometido con estas posturas. Al igual que en muchos otros países, la imposición de este paquete ideológico de política económica pierde en las urnas, pero se aprovechan de diversas circunstancias para imponerse.

En México será por el fraude electoral y sucederá en dos coyunturas clave: en 1988, a punto de la caída del Muro de Berlín y de la recomposición de los poderes en el mundo y en 2006, cuando América Latina se inclina hacia la izquierda rechazando este tipo de política. En México, en ambas ocasiones, por medio del fraude se evita que el gobierno se aleje de la dictadura del FMI-BM y las imposiciones desde Washington; con la administración que inicia en 2006 empezará una catástrofe que permitirá crear un shock que facilite la imposición de las medidas más radicales que los neocons no podían implantar en México.

El modelo neoliberal empezó a aplicarse desde el gobierno de Miguel de la Madrid, quien revirtió la estatización de la banca de López Portillo. Los Chicago boys se colocaron en posiciones de poder, desde donde empezaron a desmantelar la fortaleza del Estado posrevolucionario mexicano construido por el PRI, haciéndolo desde el PRI, y ésa fue su gran inteligencia: utilizar los recursos del corporativismo y populismo mexicano para destruir el viejo capitalismo y entrar de lleno al capitalismo salvaje.

Carlos Salinas logró el control de las finanzas del país y el control del contrabando y el establecimiento de la primera conexión de alto nivel entre el narcotráfico y la política– se coloca en el gobierno de De la Madrid como poderoso secretario de Programación y Presupuesto, desde donde controlaba el gasto público y sometía a los poderes regionales a la voluntad del centro de poder, pisoteando, en la práctica, el diseño federal. El diseño consistió en convertir a los gobernadores y alcaldes en gerentes que requerían de autorización del CEO o sus vicepresidentes, de los que Salinas era el más poderoso.

A Salinas no le era desconocido el Consenso de Washington, y cuando decide alinearse con la visión expansiva de Washington (el Plan de las Américas de George Bush padre), asume las condiciones que esta estrategia de libre mercado requería por parte de México. Así, su primer paso audaz es en 1992 el cambio del sacrosanto artículo 27 constitucional, para facilitar la privatización de la tierra, que, entre otras cosas, permitiría la entrada de empresas agrícolas maquiladoras.

Salinas avanzaría en la firma del TLCAN, para lo cual llegó a “estimular” a círculos académicos estadounidenses a fin de que influyeran con sus opiniones sobre México. Un paso mayor consistió en conseguir una plaza de investigador para su hermano Raúl en el Center for US-Mexico Studies de la Universidad de California en San Diego. En el medio académico se comentaba que la plaza llegó acompañada de un fondo generoso del gobierno mexicano cercano a 200,000 dólares, y su director nunca desmintió la versión de que fue muy importante para la tesis doctoral de Salinas.

Los neoliberales habían puesto manos a la obra para la conversión del capitalismo mexicano. En 1993, “el jefe de gabinete del presidente de México” participaba en una reunión de alto nivel en Washington, donde se delineaban los pasos a dar por parte de los “tecnopolíticos”. Siendo José Córdoba Montoya, y según las reglas de la política mexicana, un funcionario de ese nivel no asiste a ese tipo de reunión sin el permiso expreso de su jefe, el presidente de la República. Pero los tecnopols, neocons, neoliberales mexicanos demostraron una gran perseverancia en la implantación más brutal de la doctrina de la Escuela de Chicago, haciéndole el mayor homenaje póstumo a Friedman.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

Analista político y de prospectiva social

 

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