16 julio 2019
El Popular

La Brecha

Anti-producción

Por Eduardo GÓMEZ GÓMEZ. / junio . 25, 2018.

Cada vez que has entregado resultados, has disfrutado de una sensación de alegría y satisfacción. Sin duda. Estoy seguro de que puedes recordar múltiples ocasiones en las que estas sensaciones se manifiestan en tu corporalidad, en tu emocionalidad y en tu lenguaje.

Y entramos aquí ante una nueva serie de fenómenos. Si bien la alegría está presente, eventualmente también pueden surgir dudas.

A veces, las dudas provienen de interrogantes de terceras personas: “¿Estás seguro de que está bien?” “Me parece que pudiste haberle hecho de una vez el detalle ‘x’ o el detalle ‘y’.” “Pues no se ve tan mal.” “¿No crees que lo podrías hacer mejor?” “Creo que no fue lo que esperábamos, pero ya qué.” Con declaraciones de este tipo, es muy factible que la alegría, la sensación de logro y la satisfacción se vean achicadas o afectadas.

En otras ocasiones, tú mismo puedes empezar a poner en duda tu resultado: “Chispas, hubiera hecho también esto o aquello.” “Si le hubiera metido también estos detalles, sería mucho mejor.” “Seguro de que a ‘fulano’ no le va a parecer lo que hice.” Existen n posibilidades de que uno mismo se sabotee en relación con el resultado generado. Es decir, en vez de estar en disposición de mejorar, la persona se vuelve insegura y así decrece su capacidad productiva.

Los resultados pueden tener diferente grado de calidad, pero siempre son resultados.

Desde luego que de cualquier proceso se obtiene un “resultado”, incluyendo en tales “resultados” la merma, el desperdicio, productos no conformes o defectuosos, productos en los que se gastó mucho más de lo que se puede obtener por ellos (muestra de ineficiencia del proceso) o productos conformes, entre otros.

Así, cualquier persona con sólo participar en un proceso determinado “estaría” entregando “resultados”. Sin embargo, para los fines del axioma: “Quien da resultados, no da excusas”, sólo cuentan como resultados los productos conformes, es decir, los productos que cumplen las especificaciones o requisitos establecidos.

Cualquier desviación del producto conforme, implica un uso inadecuado de los materiales, trabajo y recursos requeridos para su elaboración. Lo mismo aplica para un servicio. Habrá quien entre en el dilema ilusorio de que un producto no es lo mismo que un servicio; sin embargo, para los fines de entregar resultados, no existe tal diferencia. Tanto los bienes como los servicios requieren un proceso específico para realizarlos o hacerlos como tales productos o servicios y, por tanto, las leyes básicas que regulan ese proceso específico operan por igual tanto para unos como para otros.

Un producto que está hecho conforme a la especificación o requisitos que se establecieron es un producto conforme. Desde luego que aquí pueden entrar ‘n’ cantidad de objeciones, pero si existen tales objeciones, la deficiencia hay que buscarla no en el proceso de elaboración del producto, sino exactamente antes.

Y no dejar esto en claro genera desastres en las organizaciones: cuando una persona que entrega un resultado correcto no recibe la confirmación de su cabal cumplimiento en la entrega de su producto y la que no generó un resultado correcto no recibe la no conformidad correspondiente, y en cambio se hacen un mar de líos para buscar un chivo expiatorio que cargue con la falta de capacidad organizacional para lograr resultados correctos, nos encontramos ante un batidillo que destruye a las organizaciones y a las capacidades productivas, embarrando de tal veneno a todos por igual.

Si una persona no recibe información exacta para evaluar el resultado que generó, difícilmente podrá identificar con certeza de qué forma puede mejorar su capacidad, su proceso y el resultado que genera. Más aún, se sumergirá en incertidumbres sobre sus propias capacidades, sobre los resultados que genera y sobre “el futuro”. Y esto es, como mínimo, depresivo o anti-productivo. ¿Qué tan anti-productivo es el ambiente que fomentas?

eduardo.gomez@cleverspot.com.mx

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