16 octubre 2018
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La Moviola

Crimen en el Cairo: las barbas del vecino

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / junio . 13, 2018.

“Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” dice un conocido refrán y tal puede ser una interpretación muy interesante en México a la película Crimen en el Cairo (The Nile Hilton Incident, Suecia/Dinamarca/Alemania, 2017) del director sueco de origen egipcio Tarik Saleh, quien recupera inteligentemente dos casos reales ocurridos en Egipto: el asesinato de una cantante por un magnate, relacionado íntimamente con el presidente Hosni Mubarak, en 2008; y la llamada primavera egipcia de 2011, que terminó con el gobierno dictatorial de Mubarak. Una cinta espléndida que recibió el reconocimiento en el prestigiado Festival Sundance, entre otros galardones recibidos.

Durante los días de la revolución egipcia de enero de 2011, Noredin Mostafa (Fares Fares) un corrupto policía, al igual que el resto de la policía egipcia bajo el gobierno de Mubarak, es llamado para resolver el cruel asesinato de una famosa cantante, ocurrido una de las habitaciones del hotel Nile Hilton. Noredin descubre que en este crimen está involucrado HatemShafiq (Ahmed Selim) un poderoso magnate hotelero y de la construcción que, además es integrante del parlamento egipcio, y hay una testigo de este crimen, se trata de Salwa (Mari Malek), una inmigrante sudanesa. Repentinamente a Noredin se le informa que se ha cerrado el caso declarando suicidio. Sin embargo, Noredin como buen policía desobediente sigue su investigación hasta llegar a la verdad. Simultáneamente, y como contexto, el pueblo egipcio se revela ante la insoportable situación que vive hasta llegar al 25 de enero de 2011, llamado el día de la ira.

Con un meticuloso desarrollo del thriller, Tarik Saleh se inspira en el asesinato real de una conocida cantante libanesa por parte del llamado “Donald Trump egipcio” en 2008. Acontecimiento que representa simbólicamente la corrupción e impunidad que por tres décadas mantuvo al pueblo egipcio como una sociedad de injustos contrastes, donde los ricos eran muy ricos –lo siguen siendo- y los pobres muy pobres. El gobierno presidido por Hosni Mubarak promovió tal esquema de corrupción e impunidad, cuya consecuencia fue la organización de un pueblo egipcio harto y enojado, en una serie de protestas masivas en enero de 2011 y que, unas semanas después, lograron la dimisión y huida de Mubarak, así como el proceso judicial de varios funcionarios y políticos de alto rango.

Saleh, al estilo del thriller policiaco de corte noir nos lleva con su personaje, el típico antihéroe bien planteado y ubicado en la realidad corrupta de la policía egipcia, lo cual lo hace muy real y creíble. A pesar de ello, el personaje es brillante y con un dejo de dignidad obtenido del pasado en la figura de su anciano padre. Ello motiva a Noredin a llegar a las últimas consecuencias, aun sabiendo que el autor del crimen nunca pisará la cárcel, pero no por ello es intocable. Y para ello pone su propia vida en juego así como un dejo de ética que surge en él como si buscase una expiación al tratar de liberarse de su propia corrupta ambición. Una expiación como liberación para transformase, exactamente como el pueblo egipcio actuó en esos mismos días de enero de 2011.

Resulta asombrosamente paralelo el contexto cultural, político y económico de ese Egipto de 2011 con el México de 2018. El recorrido que Saleh hace por los barrios y personajes del Cairo resultan inquietantemente similares a los que vemos en la Ciudad de México. Como también resulta inquietante el paralelismo con la situación de desigualdad económica, de la impunidad y de la corrupción entre ambos países. En el caso de Egipto, esa combinación desembocó en una revolución, en el caso de México no ha sucedido, pero podría suceder si nos atenemos al caso del Mubarak. Son las barbas del vecino que han sido cortadas, así que debemos poner las nuestras a remojar. Lecciones del buen cine.

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