26 mayo 2019
El Popular

Acantilado

Puebla en la pugna Peña-López Obrador

Por Israel VELÁZQUEZ G.. / junio . 05, 2018.

Andrés Manuel López Obrador no se ha tirado a la hamaca aunque las encuestas todas lo ubican con una ventaja que parece insuperable. No puede desdeñar lo que pasó en el Estado de México para que finalmente ganara el priista Alfredo del Mazo, primo de presidente Enrique Peña Nieto.

La alerta del candidato puntero pasó del amarillo al rojo cuando el 14 de mayo pasado José Antonio Meade Kuribreña, abanderado de la coalición Todos por México, aseguró que emulará el triunfo de Del Mazo; en la tierra del grupo Atlacomulco pidió a los priistas que reediten la victoria de 2017.

Esa fue al menos la segunda ocasión en que Meade habló de repetir la victoria en el Estado de México; la otra que se tiene documentada data de febrero cuando durante el cierre de su precampaña adelantó que así como obtuvo Del Mazo la gubernatura, él y su equipo trabajarían “fuerte y con todo para llegar a los Pinos”.

¿A qué apela Meade?, a que se repita, en el ámbito nacional, una de las elecciones más sucias de que se tenga memoria. En el libro colectivo Infierno electoral, el fraude del Estado de México y las elecciones de 2018, editado por Grijalbo, Santiago Nieto Castillo, extitular de la Fepade, dice «Nunca me había pasado como autoridad electoral ministerial, que los servidores públicos de primer nivel —secretarios de Estado— de una entidad federativa se negaran a proporcionar información ante investigaciones. Nunca me había tocado presenciar que secretarios de Estado locales se ampararan en contra de los procedimientos ministeriales.” Y López Obrador sabe todo eso de primera mano, porque desde el 22 de mayo pasado Santiago Nieto está entre sus asesores.

Contrario a las versiones que dan por hecho un pacto entre López Obrador y Peña Nieto, ambos mantienen un pulso centrado en varias gubernaturas, entre ellas las de Puebla, Veracruz y Tamaulipas. En ambos estados el candidato de Morena se ha parado a levantar sospechas de fraude y de que se están destinando recursos del erario a las campañas de sus respectivos candidatos.

López Obrador sabe que el panista Ricardo Anaya está perdido porque al pelearse con el presidente y con el panismo tradicional su margen de negociación es nulo; pero queda Meade, quien a pesar de aparecer en un lejanísimo tercer lugar en las encuestas, ha tenido un crecimiento constante. Y al ser, Meade, el candidato del partido en el poder, siempre se mantiene latente aquello que ha apuntado el especialista Bernardo Barranco: que el aparato de gobierno se transforme en una poderosa maquinaria electoral, disciplinada con recursos ilimitados y autoridades a modo.

Como López Obrador, hay gobernadores panistas que saben que si apoyan a Ricardo Anaya están perdidos. Les queda, entonces, operar desde los estados para Meade: es el caso del gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca; de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares; y el exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas. Hasta ahora en ellos tres ha centrado López Obrador sus arengas contra el fraude, contra los desvíos de recursos, contra la idea de que los cargos de elección pueden ser un negocio familiar.

Por eso la reciente visita de Francisco García Cabeza de Vaca a Puebla para respaldar en San José Miahuatlán, Puebla, a la candidata de la coalición Por Puebla al Frente, Martha Erika Alonso, quien, dijo, es la mejor opción para gobernar a los poblanos. Aún no hay pacto Peña-López Obrador. Ambos están en pugna por el apoyo de los gobernadores en funciones a quienes, digámoslo, les resulta atractivo aprender cómo se operó en el Estado de México.

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@IsraelV_mx

*Director Editorial de http://www.elpopular.mx/

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