17 julio 2019
El Popular

Stalingrado

México: país tóxico V

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / mayo . 12, 2018.

Por cierto, este mes destaca por dos eventos de gran relevancia histórica para un pueblo. En el primero, 156 de la batalla del 5 de Mayo en Puebla, la otra, 73 aniversario de la Guerra Patria de la entonces URSS.

Ambas expresiones, en nuestro país, convocan a la dignidad nacional en defensa de nuestra soberanía, porque son coincidentes y puntuales para todo pueblo.

Pues bien, hemos descrito parte de lo que implica el neoliberalismo, de su forma de visión de un desarrollo y aplicación del método económico, así de cuál es su sentir sobre el trato hacia los pueblos. A pesar de que anuncia un desarrollo económico y modernización, en los hechos, tanto para los pueblos y sus naciones, son excluyentes, marginales y de tragedia histórica porque implica el empobrecimiento de las clases trabajadoras, la eliminación de sus derechos laborales, la fractura de identidades y dignidad, como la pérdida de soberanía.

El 18 de marzo de 1938, el presidente de México, el general Lázaro Cárdenas del Río, anunció la expropiación de la industria petrolera y con ello, las grandes empresas extranjeras –algunas de ellas, antecesoras de BP, Shell o Chevron– que extraían el hidrocarburo mexicano debieron salir del país. El 27 de septiembre de 1960, el entonces presidente Adolfo López Mateos, emitió un discurso sobre la nacionalización de la Industria Eléctrica: “La nacionalización de la energía eléctrica es una meta alcanzada por el pueblo en el camino de la Revolución… “Hemos de velar todos porque la industria eléctrica en México se maneje con la mayor limpieza, para que todos sus beneficios sean para el pueblo y sólo para el pueblo. Y todos estaremos atentos y vigilantes para señalar con índice de fuego y para castigar en forma adecuada a quienes falten a la lealtad que deben a la patria y al pueblo”.

La tecnocracia que inicia plenamente con Miguel de la Madrid, antepone los intereses económicos del extranjero antes que los de la patria, porque son los que llevan a cabo el proceso de privatización de la nación, respondiendo claramente al dibujar del imperialismo norteamericano que no es necesario invadir militarmente a nuestro país, si elementos de “alcurnia” van a su país, no en claridad de braceros, sino para estudiar en sus universidades, regresando con la mentalidad gringa, impregnados de otra identidad, que no tienen idea de lo que es una nación como México. “Llena de pesares, agravios y abusos ha sido la relación con Estados Unidos, nuestro muy cercano y distante vecino”. Esa conocida frase, que se le atribuye a Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, en realidad fue escrita por Nemesio García Naranjo, intelectual regiomontano.

Por dignidad nacional e histórica, Lázaro Cárdenas y López Mateos, pasan a las anécdotas de la historia, porque los intereses de los apátridas neoliberales tecnócratas, representan una historia caduca como sin visión de lo que implica el desarrollo, porque son el “populismo”. Tal pareciera que no hay que esperar la ratificación del Tratado de Bucareli en 2023, año en el que culmina dicho acto infame, que, durante el gobierno de Álvaro Obregón, urgido de reconocimiento, el también entonces presidente gringo Jhon Calvin, encontró la flaqueza del oportunista Obregón, obligándolo a firmar el 13 de agosto de 1923 dicho documento que nos impide que logremos soberanía, por lo consiguiente en esta, nuestra tragedia nacional tóxica.

80 años han transcurrido y las grandes firmas extranjeras no sólo regresaron a México —BP, Chevron y Shell, entre otras— sino que tienen a Pemex como su empleada. Porque Pemex es hoy “una mera administradora de instalaciones y empleados”. Todo gracias a la lenta privatización que inició Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto con la Reforma Energética.

López Mateos dijo: “Sólo un traidor entrega su país a los extranjeros; los mexicanos podemos hacer todo mejor que cualquier otro país. Cuando un gobernante extranjero me pregunta si hay posibilidad de entrar al negocio de los energéticos o a la electricidad, le respondo que apenas estamos independizándonos de las invasiones extrajeras que nos vaciaron el país. Pero que en tanto los mexicanos sí queremos invertir en el petróleo americano o en su producción de energía eléctrica, por si quieren un socio extranjero.

En México la Constitución es muy clara: “Los recursos energéticos y los yacimientos petroleros son a perpetuidad propiedad única y exclusiva del pueblo mexicano. El resto de las especulaciones al respecto son traición a la patria”.

La sentencia se cumplió. Recurriendo al título del libro “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano, ocurre lo mismo en México, porque era una de las principales empresas a mundial como productora de petróleo, Pemex hoy está reducida al octavo lugar. De tener refinerías con 80 y hasta 90 por ciento de producción, hoy las tiene funcionando apenas a 40 ó 60 por ciento de su capacidad.

Exportábamos 50 por ciento del crudo, ahora lo hace en 80 por ciento, lo que ha obligado a la importación de gasolinas para el abasto local. De contar con las mejores plantas petroquímicas, hoy necesita comprar etano al extranjero para poder mantenerlas con una mediana producción.

Los 17 mil kilómetros de ductos por los que se transporta gas y gasolina pasaron de ser un tema de seguridad nacional a un simple objeto de renta al mejor postor, con las llamadas “temporadas abiertas” o “venta de plaza”.

Y lo más grave, de detentar la exclusividad de México para explorar, explotar y producir crudo, ahora empresas de 17 países tienen en sus manos contratos para dichas actividades en 116 mil kilómetros cuadrados de territorio nacional, en mar, tierra firme y aguas someras.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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