22 mayo 2019
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Isla de perros: el mundo de Wes Anderson

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / mayo . 12, 2018.

Con la simetría que le caracteriza para crear sus mundos, con una estética de lo artificial como si fuese una puesta en escena teatral, llega Wes Anderson con su más reciente entrega: Isla de perros (Isle of Dogs, EU/Alemania, 2018), un trabajo destacable de animación cuadro por cuadro, el segundo después de El fantástico Sr. Zorro (Fantastic Mr. Fox, EU, 2009) que reivindica el prestigio que le precede.

En un mundo hipotético, casi postapocalíptico, la ciudad oriental de Megasaki ha expulsado a todos los perros para depositarlos en una gran isla de basura bajo el argumento de que un terrible virus canino puede diezmar la población humana. Atari (voz de Koyu Rankin) el entenado del gobernante de esa ciudad, el Mayor Kobayashi (voz de Kunichi Nomura) ha emprendido el rescate de su perro Spots (voz de LievSchreiber) y para ello recibe la ayuda de un grupo de canes encabezados por Chief (voz de Bryan Cranston) y por Rex (voz de Edward Norton). Mientras tanto, en Megasaki el Mayor Kobayashi planea reelegirse eliminando a todo opositor, incluyendo a un grupo de chicos defensores de animales y un científico que ha creado una vacuna para curar a los perros.

La fantasía es una herramienta que se ha empleado para representar al mundo real de una forma accesible a las mentes comunes,  para otras, es una forma de enfrentar una realidad adversa y para otras más una forma de huir de la esa realidad. A partir de metáforas que retan a la realidad y promueven la imaginación y el goce que ello produce, la narrativa fantástica tiene como objetivo desmenuzar la realidad para generar criterios que permitan conocerla y tal vez transformarla. Y es precisamente lo que Anderson hace en esta magnífica cinta.

Aprovechando de la creciente relación humanizante que la sociedad actual tiene con los perros, Anderson nos retrata el posible futuro si la humanidad no corrige el sistema que ha creado, en el que se acumula el poder y la riqueza en unos cuantos dejando al resto de la sociedad a su suerte. Una sociedad distópica donde el tirano se presenta ante la sociedad como lo hiciere el personaje de Orson Wells en Citizen Kane (EU, 1941) Una sociedad distópica que construye su realidad con los medios de información, que produce mucha basura y que tiene una relación amor/odio con los perros antes que con los humanos.

Sin embargo en el mundo de Anderson los perros son la metáfora de esa parte de la sociedad que cumple una función pero cuya existencia no es indispensable, esa parte dela sociedad que es fácil culpar de los males de la propia sociedad, a esa parte de la sociedad que se puede marginar al inventar una enfermedad o que se puede entrenar para servir obedientemente al poderoso y luego, cuando deja de ser útil, desterrarle. Pero esa parte de la sociedad también desarrolla las capacidades y la resistencia para en algún momento rebelarse y poner en jaque al poder. De repente parecería ser una metáfora de realidades como la del México contemporáneo.

Una película con una estética a partir de imágenes casi en 2D, con una oscuridad curiosa y colores inusuales, con personajes hieráticos y una narrativa que rompe la magia de la diégesis que irónicamente hace que el espectador se involucre en la historia. Sin duda Wes Anderson es un director que rompe con su generación para crear mundos muy personales. Una bocanada de aire fresco ante la avalancha de cine irrelevante.

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