22 mayo 2019
El Popular

La Moviola

Vikingo: origen y contrastes de Rusia

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / abril . 25, 2018.

Toda sociedad debe revisar su pasado para reconocerse y con ello encaminarse al futuro. Tal revisión no se tiene que hacer solamente desde la información que la Historia provee, también debe hacerse desde la memoria sentimental, donde el arte juega un papel esencial. El cine es una de esas artes que permiten echar una mirada al pasado y experimentar la memoria sentimental que fundamenta el presente y la identidad. Seguramente esa es la razón por la que el director ruso Andrey Kravchuk (Leningrado, 1962) revisa su pasado y el de su nación en la película Vikingo (Viking, Rusia, 2016) con la historia de Vladimir, príncipe de Kiev y que conquistara el territorio de Europa Oriental para sentar las bases de lo que son la actual Rusia, Bielorrusia y Ucrania.

La película ubica la narración a finales del siglo X en tierras escandinavas y en tierras eslavas. Al ser el hijo de una esclava, Vladimir (Danila Kozlovsky) es considerado como un bastardo sin derecho a ocupar el trono de su padre, el príncipe Sviatoslav I de Kiev, derecho que si tienen sus otros dos hermanos legítimos. Exiliado en Escandinavia, Vladimir se entera que su hermano mayor Yarolpok (Aleksandr Ustyugov) asesinó a Oleg, su otro hermano, por lo que reúne a un grupo de guerreros vikingos para reunirse con Yarolpok. Para ello pide la mano de Rogneda (Aleksandra Bortich) la hija del príncipe de Pólotsk, quien lo rechaza por ser un bastardo. La respuesta a esto es la conquista del principado para tomar a la fuerza a Rogneda, asesinar a sus padres y tener el control de las tribus del norte. Con esto Vladimir avanza al sur para tomar Kiev, el principado más grande de la Europa oriental, donde libra victorioso una serie de batallas en contra de su hermano hasta asesinarlo y vencer a las fuerzas leales a su hermano. En este avance conoce a Irina (Svetlana Khodchenkova) la hermana del emperador romano que le habla de la religión cristiana, del monoteísmo, del perdón y del amor. Vladimir va tras ella hasta llegar a la maravillosa ciudad de Constantinopla, que los deslumbra por su majestuosidad y su progreso. Ahí, Vladimir se convierte al cristianismo. Este hecho es considerado vital para la unión y trasformación de las tribus bárbaras eslavas y escandinavas, y la razón del origen de Rusia. El príncipe Vladimir cristianizó toda la región y hoy es un santo tanto de la iglesia católica como de la iglesia ortodoxa.

Con una gran producción que incluye un excelente trabajo de dirección de arte, de vestuario, de fotografía y de diseño sonoro, Vikingo ha sido la película rusa más taquillera de los últimos tiempos que ha recorrido todo el mundo hasta llegar a las pantallas poblanas. Kravchuk no tiene empacho en mostrar a uno de los padres fundadores de Rusia como un bárbaro, como un asesino ambicioso que se llenó las manos de la sangre de muchos guerreros incluyendo su hermano y gente cercana a él. Pero también como una persona sensible que se arrepiente de ese pasado sangriento al sentir el poder del perdón que le ofrece la iglesia cristiana por medio del amor. Este contraste en la historia del príncipe Vladimir podría ser una especie de metáfora de lo que es Rusia hoy: un pueblo guerrero que lucha por su destino, pero también con la suficiente sensibilidad para reconocer los errores del pasado, arrepentirse y seguir con su destino.

Más allá de la lógica épica donde el héroe de ficción carece de defectos, Kravchuk nos presenta un héroe real, que fue una persona real con errores y defectos pero también con capacidades que le hicieron pasar a la historia. También nos presenta el contraste cultural que permite vislumbrar la obra del príncipe Vladimir: mientras que las tribus nórdicas, cultura guerrera con construcciones de madera y asentamientos rústicos que no les permitieron crear un mundo simbólico sólido, con un politeísmo cambiante también de madera basada de sacrificios humanos; la cultura romana asentada en Roma estaba cimentada en construcciones de piedra labradas con base en estilos arquitectónicos, pinturas murales, orfebrería fina que simbolizan la grandeza del Imperio.

Este encuentro entre dos mundos le dio al príncipe Vladimir la visión para hacer crecer sus territorios conquistados. Encuentros contrastantes que plantean un shock para reconocerse y reconstruirse, tal y como lo hizo el personaje histórico recreado por Andrey Kravchuk en esta cinta, que dio pie a la Rusia actual. Ese país que es nuestro lejano contraste y ahora se presenta en las pantallas de los cines mexicanos.

Te puede interesar