22 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

STALINGRADO

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / abril . 21, 2018.

“Once mil mexicanos y centroamericanos muertos en su camino a Estados Unidos, de 1994 a 2018”, de acuerdo con el INM. Números que revelan la realidad de nuestros países, los cuales son sometidos al capitalismo salvaje neoliberal, mismo que se escuda en la manipulación del poder, como lo manifestamos en el artículo anterior, donde políticos y gobernantes estudian en universidades gringas, adquiriendo su ideología cimarrona y apátrida, que, con el tiempo, asumen el poder, sin un ápice de dignidad nacional. Los hechos de cómo nos gobiernan, son más que evidentes.

“El principal efecto de 1989 es que el capitalismo y la riqueza han dejado, por el momento, de tener miedo”. (Eric Hobsbawn: El día después del fin del siglo).

“La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo” (V.I. LENIN: El Estado y la Revolución)

Para avanzar el neoliberalismo, se tiene que preparar su entrada bajo argumentos de ir desmembrando a todo el sistema económico e ideológico de un sentir social, por uno individual, siendo en la persona de Francis Fukuyama, director delegado del Cuerpo de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos, acerca del fin de la historia, a partir de su publicación en l989 (acompañando los procesos de desmoronamiento de los regímenes de Europa Oriental y la perestroika de Gorbachov) viene teniendo particular difusión, dado el contexto de predominio ideológico liberal y particularmente neoconservador que caracteriza la producción intelectual en la presente etapa del capitalismo.

El pensamiento de Fukuyama tiene un marco histórico bastante preciso: se trata de la coyuntura desarrollada a partir de 1989 en Occidente que ha estado signada por el inicio del desmoronamiento de los regímenes del “socialismo real” en Europa del Este. A la pregunta de qué es lo que significa este momento para occidente y el mundo, el autor responde que se trata, ya no de una simple coexistencia entre capitalismo y socialismo, sino de la derrota de este último y de la victoria —para Fukuyama final— del capitalismo y del liberalismo como sistema político.

Se trata no solamente de que ya no existan alternativas viables al capitalismo como sistema económico, y ello estaría demostrado por el restablecimiento de relaciones de producción capitalista en Rusia, China y Europa del Este y su inclusión en la economía de mercado, sino que además se trata del triunfo de la idea occidental, que para Fukuyama es principalmente la cultura occidental de consumo.

Políticamente este desarrollo significa —y en ello Fukuyama utiliza a Kojéve— la existencia del liberalismo como estado homogéneo universal. Se trata de que, al no existir regímenes políticos superiores, y al haber fracasado los modelos que se pretendían alternativos, la democracia capitalista aparece como el régimen político absoluto e ideal. Este habría resuelto todas las inquietudes ideológicas planteadas y el país representativo de aquél, los Estados Unidos de Norteamérica, habría satisfecho incluso los máximos y extremos ideales de igualdad y libertad:

“Como Kojeve advirtió, el igualitarismo de los Estados Unidos de hoy representa el logro esencial de la sociedad sin clases previsto por Marx”. Por consiguiente, para Fukuyama, al igual que lo fue en 1806 después de la batalla de Jena para Hegel, muestra el fin de la historia, en el sentido del fin de los regímenes políticos.

He ahí el sentido del fin de la historia para Fukuyama: es el término de la historia ideológica, la universalización de la democracia liberal como forma final de gobierno humano. Se trata, siguiendo un esquema que se autodenomina hegeliano, del triunfo de la idea, de la razón universal concretizada en el Estado capitalista. No importa que este régimen no esté vigente en todo el planeta, ni tampoco que se manifieste con “imperfecciones”. Para Fukuyama la victoria del fin de la historia es suficiente es en el plano de las ideas y no todavía en el plano material.

“(...) en el fin de la historia no es necesario que todas las sociedades se conviertan en exitosas sociedades liberales, sino que terminen sus pretensiones ideológicas de representar diferentes y más altas formas de la sociedad humana”.

Es, pues, el fin de las ideologías y de la historia. Paradójicamente, después de todo, un triunfo ideológico. Es el ajuste de cuentas, en este plano, que el capitalismo y el liberalismo hacen al “socialismo realmente existente” en retirada mundial. Después de que el mismo capitalismo había vivido, como señala Hobsbawn, en todo el siglo XX frente al fantasma de sus propias limitaciones y debilidades como sistema y con el temor de la posibilidad de un sistema alternativo.

Continuaremos.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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