17 julio 2019
El Popular

Stalingrado

Stalingrado

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / abril . 14, 2018.

Para poder ir comprendiendo y analizando el desarrollo del ejercicio del poder en México, de cómo aplican sus objetivos e intereses de grupo, mismos que derivan en una profunda crisis económica, de soberanía, laboral, salarial, educativa, etcétera, en medio de una crisis general y violencia, debemos ir conectando el significado del neoliberalismo y tecnocracia, desde la historia al presente. Claro está que partimos de un aspecto cruel como calculador, denominado Doctrina del shock, donde los intereses de una élite entierran la tan anhelada justicia y democracia, con crueles consecuencias para el presente y futuro.

Recurramos a la historia, para hilvanar el modelo de pensamiento de los tecnócratas, quienes carecen de identidad nacional, mucho menos una moral y ética, que permita lo que ellos dicen asegurar con su modelo. “Democracia”, a secas.

Robert Lansing fue el secretario de Estado gringo desde junio de 1915 hasta febrero de 1920, cuando Woodrow Wilson era presidente. Quien directa o indirectamente, tuvo relación con la Revolución Mexicana.

Ya fuera del gobierno, pasó a convertirse en importante colaborador de la Mexican Petroleum Company, que de mexicana tenía el nombre, la materia prima y la mano de obra más baja. Como es natural, todos los empleos de mediano nivel para arriba y, más aún, las utilidades, estaban por completo en manos gringas. Para continuar sirviendo a su país, consideró que era necesario ir imponiendo sus intereses, a través y mediante presidentes mexicanos, porque si se hacía invadiendo, lo lógico es que el pueblo respondería con las armas.

Para controlar al presidente en turno, el camino más seguro, aunque un poco más lento, era abrir “a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de [sus] universidades y educarlos en el modo de vida americano [sic], en [sus] valores y en el respeto del liderazgo de Estados Unidos”.

Lansing suponía, con razón, que México requeriría de administradores competentes que serían precisamente quienes ellos habían entrenado y eventualmente se adueñarían de la Presidencia.

De esta manera EU conseguiría sus fines sin gastar un centavo ni disparar un tiro y, lo que resulta más triste: conseguirán someter a México mejor y más radicalmente que nosotros mismos lo podríamos hacer.

Hoy, encontramos que, como ejemplo reciente: Miguel de la Madrid, maestría en Harvard; Carlos Salinas, doctorado también en Harvard; Ernesto Zedillo, doctorado en Yale; Felipe Calderón, maestría en Harvard.

 

Neoliberalismo

Para el neoliberalismo, el hecho de que el poder del Estado sea empleado tanto como haga falta para proteger a los ciudadanos contra los males sociales de la miseria, la enfermedad, la ignorancia, la inmundicia y la ociosidad, mediante un acto democrático. A su vez, si esto significa que el Estado tiene que hacerse cargo de ofrecer servicios públicos: en primer lugar, educación y salud, pero también con frecuencia servicios de transporte: transporte urbano, ferrocarriles, también servicios de energía, de comunicaciones. Según como se definan las necesidades, según lo que se entienda como condiciones para el ejercicio de la libertad, los servicios públicos pueden expandirse de manera casi ilimitada.

El inconveniente que encuentran los neoliberales es que la oferta de servicios públicos obviamente interfiere con el funcionamiento del mecanismo de los precios. No admite competencia, desde luego no en condiciones de igualdad. Y ofrece algo cuyo verdadero valor, es decir, su valor de mercado, se desconoce —cosa que afecta a muchos otros precios. Pero, además, es por definición ineficiente. Y atenta contra la libertad en otro sentido: la oferta de servicios públicos implica una expropiación de recursos, mediante impuestos, para emplearlos como los funcionarios juzgan que deben emplearse, que tal vez no es lo que querrían los particulares.

Por lo que el neoliberalismo considera que el servicio civil ha sido visto siempre como un obstáculo para el buen éxito del programa neoliberal. Y es enteramente lógico, puesto que el servicio civil, incluyendo a maestros, médicos, funcionarios, se ha diseñado siempre en contra de la lógica del mercado. En general, tienen un empleo seguro, plazas definitivas, precisamente para ponerlos al abrigo de caprichos políticos, de la arbitrariedad de un jefe o de los movimientos de la economía; ni su empleo, ni su sueldo ni su promoción dependen de ningún criterio de productividad; la mayoría de ellos además forma parte de corporaciones con fuerte sentido de identidad profesional. Es así porque se supone que los servicios públicos son necesarios, que deben ofrecerse sin falla, continuamente, con estándares de calidad que no pueden depender de la tasa de ganancia. Y porque se supone que lo que los anima es una ética del servicio público.

Continuaremos.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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