21 mayo 2019
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La Moviola

La 4ª. compañía: dicotomía nacional

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / abril . 11, 2018.

La corrupción en México pareciera ser un mal endémico que ha hecho erupción en los últimos años, pero su origen se halla en lo más profundo del sistema político contemporáneo desde hace mucho tiempo. El sexenio de José López Portillo dejó, sin duda, una de las bases para que la corrupción se extendiese sin pudor y sin escrúpulos hasta instalarse en la percepción de la sociedad mexicana como algo “normal”. Uno de los capítulos más vergonzosos de esa época es la que protagonizara el entonces jefe de la policía capitalina Arturo El Negro Durazo y los Perros de Santa Martha, el equipo de fútbol americano del penal ubicado en ese lugar. Los jóvenes cineastas Mitzi Vanessa Arreola y Amir Galván Cervera se dieron a la titánica tarea llevar a la pantalla grande esa historia con su laureada ópera prima La 4ª compañía (México/España, 2016) rodada en las mismas instalaciones de la penitenciaría de Santa Martha Acatitla y que les llevase siete años producirla.

Basada en hechos reales, esta cinta nos narra la historia de Zambrano (Adrián Ladrón) que en 1979 ingresa al penal de Santa Martha por robo de autos. Después de sobrevivir al ambiente agresivo de la cárcel, adaptarse y hacer algunos amigos demostrando para ello su fuerza, Zambrano logra ser aceptado en los Perros, el equipo de fútbol americano y con ello también formar parte de la 4ª. compañía. Si bien en esos años los Perros llamaron mucho la atención de los medios y de la opinión pública por ganar partidos; la verdad es que su padrino, el entonces jefe de la policía del departamento del Distrito Federal, conocido como el Negro Durazo, operaba una banda de ladrones de autos y de asaltabancos con este equipo. También con la idea de salir lo más pronto posible, los integrantes del equipo jugaban para triunfar bajo la promesa de reducción de condena o de preliberación. Pero también tenían sueños de comprar su libertad o de fugarse de ahí, como su compañero Quinto (Gabino Rodríguez) cuyo sueño fue efímero y el castigo eterno, y así fue la estancia y la realidad de los Perros de Santa Martha.

Con un guión minuciosamente elaborado a partir de una gran investigación, Arreola y Galván nos muestran una historia con claroscuros y alejada de la esperanza. Y así fue la historia real. De día fueronlos Perros, de noche fueron una banda de criminales que salían del penal a cometer una serie de delitos bajo la protección de la policía. Hacia afuera del penal, fueron los Perros, el equipo triunfador que demostró que el sistema penal estaba logrando su objetivo de reinserción social con el deporte; pero al interior del penal fueron la 4ª. compañía, un grupo de choque que mantuvo el orden y el control de los internos, y hasta les vendió la droga que la Dirección del penal les proporcionó. Si bien la historia está centrada en Zambrano, es más bien una historia coral donde cada uno de los personajes tiene algo que decirnos de la corrupción que transformó lastimosamente su vida.

Destaca la dirección de fotografía a cargo de Miguel López, que apoyada del gran trabajo de dirección de arte de Carlos Cosio, nos muestra un penal oscuro, sucio, deprimente pero extrañamente bello. Con destellos de claridad que encierran en la imagen la dicotomía muerte/vida que es la dicotomía oscuridad/claridad. Este trabajo fotográfico recuerda en ciertos momentos a Rembrandt y su obra La lección de anatomía del Dr. Tulp. Con ello, López apuntala perfectamente el sentir del encierro con destellos de libertad en esas salidas para jugar, en el juego mismo o en las salidas a robar. Dicotomía visual que también sostiene la narrativa de corrupción que se presenta ante la opinión pública como un triunfo de las instituciones. Oscuridad y claridad como una entidad, como es la realidad de nuestro país.

Destaca también la hazaña de rodar en las mismas instalaciones del penal, donde actores y presos se fusionaron para mostrar una ficción y una realidad, ambas entrelazadas también en una dicotomía para expresarnos que el cine puede ser la unidad que hace posible esa entidad dicotómica, donde llega un momento en que no distinguimos cuál parte es ficción, cuál es real; quién está actuando o quién es simplemente él, un preso más. Una hazaña que es digna de reconocerles alos directores siendo su primer largometraje. Reconocimiento que ya les inundó con 10 premios Ariel en la edición de 2017 a lo mejor del cine mexicano.

Con la experiencia que les dejó participar como asistentes en el celebrado documental Presunto culpable( Roberto Hernández y Geoffrey Smith, México 2008) para interesarse en las entrañas del sistema penal mexicano, nuestros jóvenes directores nos han traído una cinta excepcional para el cine mexicano. Que nos muestra el pasado inmediato de un México que sabemos pero que no queremos aceptar del todo. Tal vez México más que ser un país de contrastes, es un país de naturaleza dicotómica, como los muestran Arreola y Galván en la imagen y en la narración de su gran película. Sin embargo no por ello debemos seguir con esta lógica, tal vez esta dicotomía sea el preámbulo para que una nueva claridad brille aún más. Tal vez eso no dice esta cinta.

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