17 julio 2019
El Popular

La Moviola

Ready Player One: o como ser un chavorruco

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / abril . 04, 2018.

Steven Spielberg se ha caracterizado por su inmaduro abordaje cinematográfico, incluso cuando se ha tratado de temas serios, sus escasas películas sobre ello tienen un abordaje más bien parcial y tendencioso. Pese a su experiencia, su cine no muestra aún madurez, y prueba de ello es su reciente trabajo llamando Ready Player One: Comienza el juego (Ready Player One, EU, 2018) que no pasa de ser una película palomera para adolescentes y para chavorucos nostálgicos.

En el año 2045 el mundo, o por lo menos los Estados Unidos, sufren las consecuencias del neoliberalismo y de la sobrepoblación. Por ello la gente vive en pobreza y hacinados en torres de chatarra semejantes a los cementerios de automóviles. Para huir de esa lamentable realidad, la gente ingresa a un mundo virtual llamando Oasis creado por el fallecido genio creador de videojuegos James Halliday (Mark Rylance) En este mundo la gente puede ser lo que quiera, verse como quiera y hacer lo que quiera. Oasis está lleno de la parafernalia propia del cine hollywoodense de los ochenta como personajes, autos, motos, robots y otros gadgets. Antes de morir, Halliday deja escondido un huevo de pascua en el gran universo que ha creado y convoca a una competencia para lograr encontrarlo resolviendo una serie de acertijos y retos. El ganador se hará dueño absoluto de Oasis. Wade(Tye Sheridan),un joven de esos barrios marginales y gamer experto se propuesto ganar. A su aventurada empresa se le une un grupo de jóvenes que incluye a Art3mis (Olivia Cooke)la rencorosa hija de un empleado despedido injustamente de la más grande empresa de software llamado IOI. Siempre hay un malo que, ambicioso desea apoderarse de todo, es decir de Oasis, y ese ser malvado es Sorrento (Ben Mendelsohn )el gerente general de IOI.

Basado en la novela homónima de Ernest Cline, Spielberg  nos trae de nueva cuenta la historia de siempre, en diferente contexto con personajes que se llaman diferente, pero que son siempre los mismos, hacen lo mismo en las mismas situaciones: Jóvenes habilidosos e inteligentes que siempre vencen al mundo adulto que, ambicioso, bloquea su intento de frustrar sus planes. Así lo vimos en películas que en los 80 fueron taquilleras como E.T. (Steven Spielberg, EU, 1982),Gremlins (Joe Dante, EU, 1984),La historia interminable (Die unendliche Geschichte, Wolfgang Petersen, Alemania Occidental/EU/Japón, 1984) o The Goonies (Richard Donner,EU, 1985). Este revival por el cine industrial de los 80, cine lleno de inmadura fantasía, quizá se debe al inesperado éxito de la serie Stranger Things(Mat tDuffer, Ross Duffer, EU, 2016) de Netflix y convertir en objetos de culto todo lo relacionado con estas películas como criaturas, ropa, autos y artefactos icónicos como el cubo de rubik. Es decir, es la nostalgia del joven que vivió en los ochenta y hoy es un adulto frustrado por la realidad actual. Para ello llena la película de referencias “ocultas” a otras películas y videojuegos como crear un fanatismo alrededor de ella, eso que hace el llamado geek, ese adulto fanático y experto en narrativas fantásticas inmaduras.

Ese adulto, en negativa a madurar, resuelve su nostalgia consumiendo todo lo relacionado a la cultura mediática de esa década que pobremente le ha creado un significado idóneo a su pasado. Ese adulto compra juguetes de colección, viste con playeras estampadas con algo de esa cultura, consume productos audiovisuales que le remiten a esa época. Ese adulto es llamado chavorruco. Steven Spielberg es un chavorruco, que sabe que sus historias fantásticas siempre son un gran negocio en espíritus adolescentes, es decir sin identidad. Ahora esos chavorrucos tienen hijos adolescentes a quienes les ha transmitido esa nostalgia y se han convertido también en ávidos consumidores de toda esta cultura chatarra. Negocio redondo para Spielberg y su escuela. Por supuesto que esta película se convertirá en una franquicia, así que llegarán otras partes, igual de lamentables que la primera.

Ready Player One es una película de pobre contenido, que hace una leve referencia a las consecuencias del neoliberalismo que, en manos de personas irresponsables y de corto criterio como Trump, nos pueden llevar al mundo que levemente retrata Spielberg al inicio de la cinta, pero que rápidamente olvida para insertarnos en su mundo infantil e inmaduro, ese que le ha caracterizado. Es el mundo de un chavorruco sin remordimientos.

Te puede interesar