25 septiembre 2018
El Popular

Ronda política

2018: lejos del momento mexicano

Por Maribel FLORES . / marzo . 13, 2018.

 

El día de las elecciones no se legitima a un nuevo gobierno,

es el día que se lleva ante los tribunales de justicia al antiguo gobierno,

que debe responder o ser destituido.

Karl Popper

 

Después de una revisión sobre los diferentes puntos de vista de académicos, líderes de todos los sectores y los resultados que arrojan estudios de opinión publicados de los últimos seis meses, concluyo que el momento mexicano, el que anunció hace varios años el presidente Enrique Peña Nieto es muy distinto al que se nos planteó al inicio de este sexenio que está por concluir.

Salvar a México fue un discurso cuyo significado debía haberse visto reflejado en la vida cotidiana, en los hechos, en los resultados de las políticas públicas; sin embargo, parece que la mayoría de los mexicanos no los han percibido en prácticamente lo que va del sexenio. Dando como consecuencia para el gobierno en turno, para el Presidente de México, el nivel más bajo de aprobación del primer mandatario en por lo menos los últimos cuatro sexenios. De ahí la idea de tomar la cita de Karl Popper para explicar la sucesión presidencial como una sentencia de la ciudadanía respecto a los resultados del actual gobierno, que como una forma de legitimar al nuevo.

Es preocupante la fragilidad en que se encuentra el sistema político mexicano, sus instituciones, y las relaciones que existen entre el gobierno y la ciudadanía. La opinión pública nacional e internacional ha sido implacable de cara al cierre de la administración pública federal, y por ello, resulta francamente difícil encontrar algún indicio del momento mexicano, el que prometió el partido político en el poder y que claramente no se percibe. Han sido múltiples los casos de corrupción e impunidad que han involucrado no solo al gobierno federal, sino a empresas, personas y hasta universidades públicas, que nos hacen pensar que la lucha contra estos dos flagelos ha sido, por decir lo menos, insuficiente. Por mencionar algunos de los acontecimientos más complejos que ha atravesado el Presidente de México está la investigación de la Casa Blanca, las ejecuciones de Tlatlaya y Apatzingán, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y el caso Odebrecht.

El reportaje que se publicó en la revista Time en 2014 hablaba de condiciones favorables para México, en términos de reformas constitucionales, el panorama de una economía en crecimiento y un entorno más prometedor para el país;reconociendo al mismo tiempo la asignatura pendiente que aún representaba para el gobierno mexicano uno de los mayores retos para salvar a México, y esto era, que el Estado recuperara la rectoría en materia de seguridad, debido a la violencia provocada por el crimen organizado. Lo que, sin duda, sigue siendo para el gobierno un desafío mayúsculo, tras el año más violento que vivimos en 2017.

Así las cosas, podemos pensar que la democracia mexicana está a prueba, ya que sus resultados no han sido los más efectivos, en términos de gobernabilidad, legitimidad y respuestas para combatir los principales problemas del país, como son la corrupción, la impunidad, la violencia o la desigualdad. Y al referirme al régimen político democrático, incluyo al actual gobierno priísta, a su equipo y al líder político que nos dirige, sino a los anteriores que han gobernado el país desde que se instauró la era de las instituciones y la sucesión pacífica del poder político; pasando por las metamorfosis del PRI y la alternancia política con el arribo del PAN al poder, manejando el país desde la silla presidencial.

Mientras tanto, en medio del actual proceso electoral federal, de la intercampaña para el relevo del poder, parece que no solo deberíamos pensar en los tribunales de justicia del actual gobierno; es necesario también ser mucho más críticos y exigentes de lo que cada uno de los aspirantes a la Presidencia de la República inspira y a lo que aspira al asumir el cargo público más poderoso de todos. Esto, con el propósito de evitar una regresión democrática que nos distancie de un gobierno coherente con valores y premisas fundamentales propios de la democracia, como es el ejercicio pleno de derechos y de libertades que han sido restringidos. Ahora que estamos lejos del momento mexicano al que se le apostó en este sexenio, me preocuparía más viviéramos distantes de un gobierno republicano con instituciones sólidas, con pesos y contrapesos, con libertad de expresión, acompañado de una ciudadanía activa y participativa. En contraparte, considero hoy más que nunca, que debemos evitar pensar en el país de un solo hombre que dirige el gobierno de todos, del caudillo, del mesías porque ese modelo de gobernar ya no corresponde al “…México [visto como]… una monarquía, absoluta, sexenal, hereditaria por vía transversal” (Cosío, 1972). Por lo tanto, es la defensa democrática la que realmente sería el momento mexicano y corresponde a todos, no solo al próximo Presidente de la nación.

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