20 julio 2019
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Mudbound: Paralelismos y contradicciones.

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / marzo . 07, 2018.

La discriminación es un tema que ha sido abordado en exceso en el cine norteamericano y pese a ello, no ha sido agotado. La discriminación en contra de los negros en la cultura sureña de los Estados Unidos, especialmente en el estado de Mississippi, es nuevamente abordado por la directora de color DeeRees en su segundo largometraje llamado Mudbound: El color de la guerra (EU, 2017) pero con regulares resultados, incluyendo cuatro nominaciones al premio Óscar sin obtener ninguno. Sin embargo, resulta interesante la perspectiva del tema abordado por una mujer afroamericana en donde los personajes principales son hombres y uno de ellos es banco. Perspectiva que aborda desde un paralelismo y una contradicción el tema de la discriminación desde el descubrimiento de uno como humano al enfrentarse al otro.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, regresan a la granja algodonera en Mississippi dos excombatientes, uno de ellos, Jamie (Garrett Hedlund) blanco y hermano del dueño de la granja; el otro es Ronsel (Jason Mitchell), un negro e hijo mayor de la familia que debe trabajar las tierras de esa granja para sobrevivir, al más puro estilo feudal. En esa región del sur norteamericano se practica con toda normalidad la separación racial así que los dos excombatientes deben desarrollar su naciente amistad de forma clandestina. Ha sido el horror de la guerra, el haber conocido otras culturas y el haber recibido el reconocimiento como liberadores en Europa, lo que les revela su verdad como personas y como seres humanos. Esa confrontación con el otro europeo es lo que los ha unido pese a las diferencias en el color de su piel. Sin embargo, en esa alejada y lodosa región de Mississippi, donde la gente no ha salido de ahí y mucho menos para combatir al enemigo, y sigue pensando que las personas de piel negra son inferiores, al grado de torturarles por ello, al grado de formar al KuKuxKlan, al gado de comportarse de forma semejante a la ideología nazi contra la que su gobierno y sus soldados combatieron en tierras europeas. En esencia los blancos sureños actúan semejante a los alemanes nazis, así que hay que combatirlos de forma semejante, por lo menos eso piensa Jamie.

Resulta interesante que el abordaje del tema de la discriminación por motivos étnicos que aún ocurre en el vecino país del norte, se haga desde el paralelismo de la Segunda Guerra Mundial donde, sin mencionar siquiera a la ideología racista de los nazis, sea el eje temático. La directora Rees deja entrever la contradicción del Estado norteamericano de ese momento, que estuvo presente en otras tierras para erradicar esa ideología y sin embargo estuvo ausente en su propio territorio para hacer lo mismo. Resulta contradictorio que, quienes ante el mundo resultan héroes, en su tierra sean parias. Y es en esta contradicción que Rees desarrolla su filme.

DeeRees adapta con Virgil Williams la novela homónima de Hillary Jordan y es aquí donde yace el problema central de esta cinta. Pese a que una de las nominaciones al Óscar fue por esta adaptación, deja mucho que desear. Rees y Williams no pudieron evitar el recurso tan poco cinematográfico de la voz en off, que limita la existencia de los personajes en la pantalla reduciendo de alguna manera con ello la capacidad histriónica de los actores. La voz en off limita también la capacidad interpretativa del espectador al explicitar las emociones y los pensamientos de los personajes. Cuando no hay claridad de las diferencias entre los lenguajes literario y cinematográfico, y entre las experiencias estéticas de un lector y de un espectador, es fácil caer en la trampa de la voz en off. Pero no sólo se queda en ese problema, la adaptación se desubica de la narrativa principal y aborda en el primer acto las diversas líneas narrativas que pierden presencia a partir del segundo acto al grado tal que las hace a un lado sin darles peso dramático en el arco de la línea principal. Un error muy común al intentar llevar a la pantallaa una novela.

Pese a la buena fotografía a cargo de Rachel Morrison, que le valió su primera nominación al premio de la Academia, se queda corta debido al problema de la adaptación y termina siendo una especie de ilustración de una novela mal contada en lugar de ser parte activa del desarrollo de la historia y de los personajes para mostrarnos el tema.

Es por ello, que a pesar de lo interesante del abordaje temático con el paralelismo contradictorio entre la discriminación en contra de los negros en el sur de los Estados Unidos y la lucha de ese país en contra de la ideología racista de la Alemania nazi; y a pesar a la contradicción que implica que, aunque, actualmente han sido erradicadas legalmente tales prácticas en los Estados Unidos, han elegido a un presidente que recuerda, por lo menos en el contenido de su discurso racista, a Adolfo Hitler. Paralelismos y contradicciones que son parte de la nación más poderosa del planeta.

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