17 julio 2019
El Popular

Stalingrado

Manada de lobos

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / febrero . 17, 2018.

A pesar de que Carlos lo dijo con motivo de arengar a su escuadra antes de combate, en 1978, en Nicaragua, su mensaje no pierde sentido histórico ni pertenece a dicha nación, al contrario, cuando quienes se apropian de la dignidad de un pueblo en su beneficio, con el objetivo de enriquecerse y humillando como pisoteando las leyes en contra de su nación, los hace ser peores que una manada de lobos, porque ante el pueblo, se disfrazan con piel de oveja: en los hechos, son depredadores voraces.

Con el fin de evadir y justificar el grado de corrupción e impunidad con la que ejercen el poder, motivan una campaña de miedo, de incertidumbre, al acusar a Andrés López Obrador, de ser un peligro para México; sin embargo, ¿Qué se entiende por peligro? Por principio, ya sea individual o en una nación, si tu seguridad corre el riesgo de inestabilidad y violencia, entonces, crece el peligro si no se toman medidas para evitar tal problema.

El punto es que los emisores del peligro, por más que evaden su responsabilidad de la inestabilidad e ilegalidad con la que se gobierna, con una violencia extrema, e injustica en general, no les queda otro recurso que la hipocresía cínica, sin tapujo alguno, siendo sordos y ciegos, ante los reclamos sociales por justicia.

Son los lobos de la voracidad económica y política, quienes crean una situación de hambre, en contra del poder adquisitivo del ingreso laboral para los mexicanos disminuyó 2.5 por ciento durante el último año del gobierno de Enrique Peña Nieto, donde 4.7 millones de adultos mayores en México sobrevive su vejez con una pensión mensual de 600 pesos.

México tiene en riesgo su gran acuerdo para existir y progresar. Vive una crisis no vista desde los tiempos posrevolucionarios. En dos décadas, la garantía de la paz pública como uno de los más firmes derechos del hombre, y su expresión operativa, la seguridad, ha evolucionado de ser un problema del gobierno, que en un tiempo fue ordinario, manejable y sin mayor exigencia social, a ser el fenómeno de violencia generalizada que hoy, principios de 2018, es la dificultad más aguda que enfrenta la nación, no sólo el gobierno.

La situación en México ha evolucionado rápidamente en sólo 20 años. De padecer un estatus de inseguridad sólo desconfortante, habitual, costumbrista, hemos pasado a una agudización de ella y a un estado de creciente violencia que se inició como actos criminales, primordialmente precipitados por el narcotráfico; empeoró con la introducción descontrolada de la violencia oficial en aquella memorable invasión de Michoacán de enero de 2006, la guerra de Calderón, y ha llegado a grado extremo actualmente con las improvisaciones, desaciertos y vaciedad de Peña Nieto. Hoy lamentamos la creciente marea delictiva de la violencia social: su explicación es que la sociedad ha aprendido a delinquir como medio que cree legítimo para satisfacer sus privaciones y reclamos. La situación al finalizar el gobierno de Enrique Peña es peor de como la que recibió y, por inercia, seguirá empeorando si no se busca la solución radical.

La nación es ya un modelo de comercialización de todo, sin derecho a hacer valer soberanía, porque para los tecnócratas, la “modernidad y desarrollo”, está por encima de un pueblo, mismo que se le han coartado sus derechos constitucionales, a quienes se les roban sus tierras para beneficio de nuevos terratenientes nacionales o extranjeros; el derecho laboral, ha sido desmantelado sistemáticamente, bajo pretexto de motivar la inversión y desarrollo; nuestra educación, hoy es un proceso de mecanización y automatización del individuo, así como de forzarlo a asumir un pensamiento individualista y sin identidad social alguna, al grado de que los espacios culturales donde se fomentaba dicha identidad con la histórica, vivimos en reality show, tristemente. Si Porfirio Díaz se cobijó entre empresas extranjeras para lucrar con la soberanía en petróleo, electricidad, ferrocarril, comunicaciones, etcétera, con los tecnócratas, el dictador se queda corto, porque quienes fueron formados con mentalidad gringa, nos gobiernan y depredan.

Mientras la violencia y criminalidad, se sitúa en condiciones extremas como se dio en las dictaduras latinoamericanas, donde la desaparición forzada o ejecución de ciudadanos y líderes sociales está a la orden del día, los lobos en el poder, sí son un peligro para la nación.

En Guatemala, Israel, Sud África, Corea del Sur, por citar unos cuantos países, investigan y destituyen a sus presidentes por corrupción. ¿Ahí si valen las leyes, y en México, no existen?

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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